".. Y deshizo los proyectos del soberbio corazón"
El tropezón de la máquina vaticana en Santo Domingo: de la angustia a la (débil) esperanza.
DESDE EL MISMO día, en 1984, en que anunció que la IV Conferencia del Celam se celebraría en Santo Domingo en 1992, el Papa tenía muy claro que no podía permitir que ésta fuese una profundización de sus antecesoras de Puebla y Medellín. Al menos debían ser definitivamente eliminados todos aquellos lineamientos que sirvieran de carbón propicio para encender la fogata de la Teología de la Liberación. De allí que Roma no sólo revisó con lupa los documentos que constituyeron la base de trabajo de la Conferencia, sino que además envió a sus mejores hombres a Santo Domingo, quienes se instalaron estratégicamente en las distintas comisiones.
Así describe el semanario Qué Pasa, vinculado a grupos conservadores dentro de la Iglesia, los entretelones de la estrategia que desarrolló el Vaticano para poner bajo férreo control la conferencia episcopal recién concluida y que tuvo lugar al cumplirse 500 años del inicio de la evangelización de nuestro continente.
Agrega la revista que la "elección" del secretario de Estado del Vaticano, Angelo Sodano, como presidente de la Conferencia constituyó la prueba más contundente de la importancia que daba el Papa a Santo Domingo. Reconoce empero que la designación de Sodano se convirtió en el centro de las críticas de los pastores progresistas (con alguna conciencia de su dignidad de pastores, diríamos nosotros), quienes levantaron la voz para denunciar la romanización de la cumbre y la interferencia en las decisiones autónomas de los obispos latinoamericanos.
Tras la elección de la nueva directiva del Celam, en abril de 1991, Roma contraatacó, sigue diciendo Qué Pasa, sin duda muy bien informado de las maniobras de la curia vaticana. Tuvo que hacerlo, dado que los obispos latinoamericanos habían tenido la osadía de elegir a un progresista, el obispo auxiliar de Brasilia, monseñor Raimundo Damasceno de Asis, en el cargo de secretario general, lo que significaba que por derecho propio le tocaría instalarse en ese puesto en Santo Domingo. Para neutralizarlo, el Vaticano designó a su vez un secretario general adjunto, nuestro conocido Monseñor Jorge Medina, arzobispo nonato de Santiago, conocido por su fidelidad al Papa y su admiración por el régimen de Augusto Pinochet (esto último lo apuntamos nosotros).
La dupla Sodano-Medina fue reforzada por un numeroso grupo de expertos y obispos que no estaban en las listas que habían confeccionado los episcopados nacionales. Así quedó incluido nuestro arzobispo penquista Antonio Moreno (vale la misma observación que para Medina en cuanto a línea ideológica), al que se agregaron muchos otros nombres de clérigos, teólogos y laicos de movimientos integristas.
La presidencia de las dos comisiones más importantes en el desarrollo y la formulación de las conclusiones de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano fueron entregadas a cardenales afines a la línea vaticana. La de Coordinación quedó bajo la presidencia del argentino Raúl Primatesta; y la de Mensajes, de su colega brasileño Lucas Moreira. El sacerdote chileno de Schoenstatt, Joaquín Allende, perito designado por el Vaticano, haría las veces de asesor puente entre la Comisión de Coordinación y la de Redacción.
Una periodista de El Mercurio, que en sus despachos desde Santo Domingo dejó expresa constancia de cómo había funcionado la aplanadora vaticana, señaló que al ser un obispo chileno consultado acerca de estas designaciones respondió con desaliento: "¿Qué quiere que le diga? Juzgue usted por sí misma". Aclaremos, para evitar molestias innecesarias, que no se trata de Monseñor Carlos Oviedo, para quien todas estas cosas no pasan de ser elucubraciones de gente mal pensada.
JUZGANDO POR NOSOTROS MISMOS
Este verdadero operativo bélico que montó la curia vaticana para copar el encuentro nos provoca, como laicos, vergüenza y escándalo. La autoridad debe saber escuchar, no sólo lo que le resulte grato, sino lo que de veras piensan sus dirigidos. Si este principio es válido en una sociedad donde se respetan los derechos humanos, mucho mayor vigencia debiera tener al interior de la comunidad de creyentes, en donde la autoridad no debiera ser imposición, sino servicio. Nos repugna comprobar que se trató de "cocinar" el encuentro latinoamericano de obispos al peor estilo politiquero, mediante la creación de una máquina aplanadora.
En los últimos años, la curia vaticana ha procurado cambiar el rostro del episcopado latinoamericano mediante la designación sistemática de clérigos conservadores o angélicos, forma elegante de aludir a los caídos del catre, que no se dan cuenta de lo que pasa o prefieren no meterse en honduras. Si no obstante esta reestructuración a fondo del episcopado de la región se tenía miedo de lo que pudiera salir de sus deliberaciones, ¿para qué entonces se llevó a cabo la Conferencia? ¿Con qué autoridad moral podrá en adelante la Iglesia hablar de la participación, de transparencia y respeto a las normas éticas en el quehacer político y ciudadano? ¿No habría sido más honesto que el Papa y los jerarcas vaticanos hubiesen citado a los obispos de la región para leerles la cartilla?
Claro, la aceitada maquinaria romana se anduvo trabando, igual que las ruedas de los carros del faraón que perseguían al Pueblo de Dios tras la huida de éste desde Egipto. Pero la intención de imponer sin asco los propios puntos de vista estuvo presente en la mente y el corazón de la jerarquía vaticana, que se cree dueña absoluta de la Iglesia, para escándalo de aquella porción de fieles que nos damos cuenta de lo que pasa y comprensible embarazo de los pastores que rechazan lo sucedido, pero que por lealtad con Roma no pueden sincerarse con sus ovejas.
CONTROL SOBRE LA PRENSA
Claro, para que no trascendiera en exceso el ambiente de opresión imperante y sofocar toda voz disidente, era indispensable controlar también a la prensa no afecta a las posturas conservadoras.
Así, a poco de iniciado el encuentro, un grupo de periodistas solicitó formalmente a la secretaría de prensa de la Conferencia "información más eficaz y abundante" sobre lo que de veras estaba sucediendo en las asambleas. "Hemos venido aquí de todo el mundo para informar a la opinión pública, pero debemos lamentar la escasa o casi nula ayuda que se nos ha prestado en esta conferencia", dijo el periodista David Aponte, de "El Nacional", de Caracas, quien habló en nombre de más de cien periodistas de veinte países acreditados ante la reunión de la Celam. Aponte comentó que en Roma, cuando se celebra un Sínodo, la sala de prensa entrega a los periodistas una reproducción casi íntegra de los resúmenes que hacen los obispos acerca de sus intervenciones. Las reuniones de Santo Domingo fueron, en cambio, a puertas cerradas. El director de prensa de la asamblea, monseñor Héctor Gutiérrez, reconoció la "debilidad" del boletín que se distribuía a los periodistas; pero no podía ir mucho más allá.
Otro despacho de prensa puso de relieve que la organización de la cumbre de obispos había sido acremente criticada por los diversos periodistas acreditados para cubrirla. "Los reporteros no han tenido acceso a los lugares en que están reunidos los obispos y sólo se les ha entregado oficialmente escuetos comunicados que consignan hechos e intervenciones de los pastores, pero sin explicar ni profundizar respecto de lo que pasó o se dijo al interior de la asamblea".
Y después muchos de los jerarcas vaticanos hacen gárgaras acerca del importante papel que cumplen los periodistas en la sociedad moderna. En pomposos documentos oficiales nos dan instrucciones acerca de cómo debemos ser testigos de la verdad, y no meros portavoces de los que detentan el poder, y dicen que la información es clave para que exista verdadera participación. Pero ellos cerraron a machote las puertas de la Asamblea, no para guardar en determinados momentos una reserva comprensible, sino para evitar que se supiera el rechazo que suscitaban sus métodos y posturas.
¿TAZA DE LECHE?
Al intento de controlar la información que suministraban los periodistas se agregó el propósito de minimizar los sofocados rumores que llegaban acerca de discrepancias y maquinaciones. Por ejemplo, el obispo de Rancagua, monseñor Jorge Medina, negó que la integración de las comisiones generales hubiese sido preestablecida por la Santa Sede. "Eso no es efectivo. No estaban estructuradas desde antes", aseguró.
"Se podrían llenar páginas completas a la hora de mencionar a los expertos fieles a la línea del Papa que se encuentran en Santo Domingo" apuntaba el semanario Qué Pasa. Poniendo su mejor caradura de veterano diplomático, el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Angelo Sodano, descartó, empero, que la Santa Sede quisiera manipular la cumbre de obispos latinoamericanos, a través de un virtual copamiento de la misma por parte de hombres de confianza de Juan Pablo II. "No puede existir una Iglesia sin la presencia del Papa", agregó. Aseguró que el encuentro de las 22 conferencias episcopales de América Latina no sería polémico porque no se trataba de un parlamento donde hubiera partidos que debieran defender posiciones. "Será un encuentro fraternal y las premisas ya las tenemos, y muy unitario porque los pastores son sensibles al valor de la unidad", indicó. Entretanto, Sodano manifestaba su confianza en que las diferentes percepciones y posiciones podrían conciliarse en una sola. "El fin de todo es anunciar a Cristo. ¿Y qué cristiano, qué obispo no desea eso?". Claro, con ese criterio no había necesidad de reunirse en Santo Domingo ni en ninguna parte.
LA REBELIÓN DE LOS NATIVOS
Al final se supo parte de lo que de veras había sucedido en la Conferencia. Pese a que desde el principio los capos del encuentro habían intentado hacer creer que todo era una taza de leche, quedó al descubierto que tanto el método mismo de trabajo como el documento que intentaron imponer fueron objeto de vigoroso rechazo por parte de la mayoría de los pastores latinoamericanos.
Señaló un despacho de prensa: "Un descontento generalizado obligó a la presidencia de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano a ordenar una nueva redacción para el documento final de esta cumbre. El texto cuestionado es el cuarto sobre el que se pronuncian los obispos y fue rechazado porque era demasiado extenso, ampuloso, poco impactante y no representativo de la realidad de nuestro continente. La cumbre episcopal reafirmó, en tanto, la opción por los pobres como la principal línea pastoral que seguirá la Iglesia de la región en los próximos años".
Otro despacho, esta vez publicado por La Época, informó: "Este fin de semana se originó una nueva crisis por la impugnación generalizada que provocó el borrador que pretendía representar las conclusiones del encuentro y que había sido elaborado por la presidencia del encuentro. En una agitada sesión, se resolvió ordenar una nueva redacción, ya que se elevaron cinco mil propuestas de reformas y supresiones al momento de ser sometido el escrito a la consideración de los prelados. El descontento con el contenido también se evidencia en una carta que fue redactada por varios sacerdotes y religiosos que están participando con derecho a voz y a voto. Dicen que "el texto es poco inspirador y carente de todo estímulo".
El obispo brasileño Celso José Pinto dijo que la conferencia "perdió el rumbo desde el inicio" al marginar el documento de trabajo elaborado durante dos años por aportes de toda la Iglesia del continente y abandonar la tradicional metodología de "ver, juzgar y actuar". Respecto de la propuesta de comenzar por una profesión de fe, atribuida a los grupos conservadores, el obispo dijo que ello "nos dejó sin un nexo vital con la realidad concreta de América Latina y sus desafíos. Pienso que todos estos días fueron de búsqueda para reencontrar el rumbo perdido. Tengo la impresión de que ahora se comenzó a vislumbrar el camino de vuelta".
La desestimación del documento de 88 folios se produjo en medio de una crisis que obligó a modificar por completo el método de trabajo empleado por la presidencia de la Asamblea, según se desprende del análisis de despachos dispersos que publicaban en Santiago los diarios El Mercurio y La Época. "Nos hemos sentido francamente desconcertados porque se nos ha presentado un método diferente", aseguró el obispo guatemalteco Julio Cabrera, al referirse a la forma en que se redactó el documento que serviría de guía a la acción pastoral en el próximo decenio. El religioso, obispo de Santa Cruz de El Quiché y miembro de la comisión de escrutinio de la Conferencia, dijo interpretar lo que pensaban muchos obispos. Explicó que los desafíos planteados en el borrador desconocen la realidad latinoamericana y caribeña. Añadió que la metodología empleada en Medellín y Puebla, basada en "ver, juzgar y actuar", fue lanzada por la borda en Santo Domingo, y que "la utilizada por los conductores de este encuentro confundió a la mayoría de los presentes".
El arzobispo de Sao Paulo, cardenal Paulo Evaristo Arns, coincidió con el prelado guatemalteco: "El documento fue cuestionado porque a la mayoría no le satisfacía". Manuel Camilo Vial, obispo de San Felipe, consideró por su parte, que la crisis fue necesaria para lograr la mejoría de los debates. Informó que la elaboración del documento final significó un arduo y minucioso trabajo, que implicó rehacer seis veces el texto.
En la sesión de la víspera, en la que se presentó la nueva versión, se produjo un amplio debate, en el que diversos obispos expresaron su disconformidad con el texto planteado. Según consta en el boletín oficial del Celam, el obispo venezolano, Diego Padrón, dijo que el enfoque teológico estaba oscuro y que los aportes de las 30 comisiones no habían sido considerados. El obispo de Temuco, monseñor Sergio Contreras, habló en nombre de seis prelados chilenos, y declaró que la orientación general del documento era la de "una Iglesia vuelta hacia sí misma y no hacia el mundo" y que la profesión de fe o introducción no respondía a las inquietudes del momento, especialmente en cuanto a la promoción humana.
CUENTAS ALEGRES.. Y ESPERANZA
Los hombres de confianza del Papa Juan Pablo II, instalados estratégicamente en las distintas comisiones de la IV Conferencia del Celam, deben haberse sentido felices el 29 de octubre cuando los obispos aprobaron por unanimidad el documento final" comentó con entusiasmo el Qué Pasa. "Pese a las tensiones vividas, el texto, que será enviado a Roma para su revisión final, contiene todas las directrices que el Papa quería que estuvieran para la nueva evangelización de América Latina."
Pero a la luz de lo que efectivamente sucedió, se trata de cuentas demasiado alegres. Si pese a toda la manipulación previa y a las maniobras perpetradas durante el encuentro mismo, el documento final fue tan resistido y hubo de ser objeto de intensas y masivas modificaciones, quiere decir que a los jerarcas vaticanos no les fue muy bien. Y que volvieron con el rabo entre las piernas. Cierto, ellos pueden ahora tirar al tacho de la basura el documento final, pues al fin y al cabo se han conferido el derecho de someterlo a exhaustiva revisión, como si fuera poco la injerencia que se permitieron en la discusión del mismo. Pero en su conciencia saben cuál es el verdadero sentir de la Iglesia latinoamericana, al menos la de sus pastores.
"Pasé de la angustia a la esperanza" confesó Monseñor Carlos González, presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, a su regreso de la conferencia. Habló con la honestidad del obispo que no aspira a promociones por parte de la curia vaticana y que, por lo tanto, no requiere hacer méritos especiales ante ella. "Llegué a Santo Domingo con miedo, ante la eventualidad de que hubiera retrocesos y se impusiera un espíritu retardatario porque siempre hay sectores que tienen miedo a los cambios y por inmadurez asumen una postura inflexible. Preexistían temores de que sectores conservadores influirían en torno a una posición preconciliar, de retroceso, lo que felizmente no se produjo". Sus francas declaraciones contrastan con la actitud desubicada de otros pastores chilenos que pretendieron en todo momento desconocer la existencia de graves tensiones al interior del Encuentro.
En el mensaje final, redactado en forma directa por los obispos latinoamericanos, se alude a dos textos bíblicos, uno en que Jesucristo sana a un hombre que durante más de 30 años estuvo paralítico y otro en que devuelve la esperanza a los discípulos de Emaús. Con estos pasajes la Iglesia de América latina quiere subrayar que Jesucristo no es un ser lejano, etéreo, sino un Señor misericordioso, que está pronto para entrar en el corazón de los hombres y ayudarlos.
MENTALIDAD INACEPTABLE
Hace 500 años, hombres venidos de Europa implantaron por la fuerza su cultura y en muchos casos su fe a las poblaciones nativas, creyéndose en todo superiores a los aborígenes. Los jerarcas vaticanos que pretendieron controlar el encuentro de Santo Domingo demostraron que siguen atrapados en esa mentalidad colonialista que es inaceptable a esta altura de los tiempos dentro de la comunidad de creyentes. Sin embargo, el Espíritu fue más fuerte que sus maniobras y cálculos. Ello enciende una luz de esperanza, que sin duda mucho necesitamos.