Camino al andar
Septiembre de 1992

"La Iglesia nos ha defraudado demasiado como para ser una buena madre... pero es la única que tenemos"

Las irreverentes opiniones de famoso escritor británico representan el sentir de millones de católicos a través del mundo

COLUMNISTA HABITUAL DEL prestigioso Observer, de Londres, el famoso escritor británico Anthony Burgess es un hijo díscolo de la Iglesia Católica. Tal vez porque, a diferencia de Graham Greene, no fue un converso, sino que nació en el seno de una familia católica de Manchester. ("No hay peor cuña...") Burgess se hizo famoso, veinte años atrás, cuando Stanley Kubrick llevó a la pantalla su estremecedora novela La naranja mecánica, prohibida en varios países por su crudeza.

Su fama de iconoclasta hizo que muchos creyentes se pusieran a temblar cuando supieron que preparaba una Vida de Jesús, que Franco Zefirelli transformó también en película. Pero el implacable Burgess trató muy bien a Cristo y, aunque abordó el tema con originalidad y reciedumbre, no se salió un centímetro de la ortodoxia.

Su última obra, El reino de los réprobos, ha sido acogida con enormes reservas por los más tradicionalistas. La novela se sitúa en los primeros años del cristianismo y constituye una especie de diálogo entre las culturas romana y judía. Burgess muestra sin concesiones las dificultades que encararon los apóstoles para imponerse sobre las demás sectas judías, tarea en la que destacan las figuras de Pablo, Lucas y Pedro. Describe asimismo la verdadera crisis moral que afrontaba por entonces la sociedad romana. Hay una galería de personajes enfermos de depravados, entre los que destacan Tiberio, Calígula, Nerón y Agripina.

No es una novela para devotos timoratos. Burgess despoja sin miramientos a Pedro y Pablo de todo halo beatífico y los muestra como personas con debilidades, temores y dudas, sin perjuicio de la fuerza que les infundía el Espíritu. En la línea de grandes teólogos que han procurado leer el fondo del Evangelio, despojándolo de accesorios y de textos que responden a situaciones históricas determinadas, pero que ocultan a menudo lo esencial, intenta explicaciones racionales de algunos acontecimientos de los que fueron protagonistas estos grandes apóstoles.

Sobre la conversión de Saulo, que según la tradición fue provocada por la caída de su caballo cuando viajaba en persecución de los cristianos, situación que le produce ceguera momentánea, el autor especula que se habría tratado de un ataque de epilepsia. ¿Pero por qué una enfermedad no puede ser también la forma en que Dios interviene en nuestras vidas? En cuanto a la escapada de Pedro desde una cárcel de "máxima seguridad", la atribuye no a una directa intervención divina, sino que a las consecuencias materiales de un fuerte terremoto. Pero ¿por qué negarle a tan oportuno terremoto el carácter de signo de la providencia divina?

La novela aventura que el cristianismo fue una más entre las múltiples religiones existentes en la época de su surgimiento, y siguió siendo así hasta que el desquiciado Nerón decidió inculparlos por el incendio de Roma. Ello trajo como consecuencia una legitimación de los cristianos, en vez de su extinción o un simple paso sin gloria. Se comprueba así que "Dios escribe derecho con líneas torcidas".

PALABRA DE LAICO

Hace poco un periodista preguntó a Burgess cómo había podido tratar con tanta dignidad y sujeción a la ortodoxia el tema de la vida de Jesús, en circunstancias de que siempre había sido severo crítico de la religión institucionalizada.

"En la vejez uno se retracta paulatinamente de apostasías y busca reconciliarse con la Iglesia", contestó el escritor, haciendo gala del típico humor británico. "No se ha encontrado un sustituto metafísico para ella. ¡El marxismo no sirve y tampoco la especie de humanismo escéptico que enseñó Montaigne! No conozco ninguna otra organización que explique el mal y, por lo menos teóricamente, se alce en armas contra él. La Iglesia ha defraudado a sus hijos con demasiada frecuencia para ser una buena madre... pero es la única que tenemos".

Opinión que, dicen, muchos comparten.