¡Tantas Carolinas! (.. y Carolinos)
"Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme" es una oración prohibida para los católicos divorciados que no tengan los medios y la suerte de la princesa monegasca.
LA PRINCESA CAROLINA de Mónaco se casó a comienzos de los ochenta en una ceremonia deslumbrante oficiada por un arzobispo en la catedral de ese país de utilería y en presencia de lo más granado de la nobleza europea. Su novio era un gozador de la vida, tan reputado y ocioso como próspero. Ambos habían aprovechado sin remilgos ni pudores su juventud y su condición de integrantes del jet set y llegaron ante el altar en plena posesión de sus facultades mentales. Pero ahora la Iglesia declara que ese matrimonio nunca existió, que fue pura faramalla, una simple puesta en escena para que las revistas frívolas llenaran páginas y páginas. Afirma el Vaticano que hubo alguna causal, que se mantiene en reserva por respeto a la pareja involucrada, que vició en forma irremediable el consentimiento libre que es indispensable para que haya sacramento.
Pese a que era previsible, esta sentencia provocó escándalo tanto dentro como fuera de la Iglesia. La reacción de los fieles comunes y corrientes fue bien captada por el irónico Hernán Millas, Premio Nacional del Periodismo, en un sabroso artículo publicado en el diario La Época..
ARGUMENTOS POCO CREÍBLES
El obispo de Rancagua, monseñor Jorge Medina, caracterizado por su visión estrecha de lo que es la moral cristiana, pero premiado por el Vaticano con un nombramiento clave para la próxima reunión episcopal de Santo Domingo, tuvo el coraje de ser fiel a sus superiores de Roma, intentando en forma pública una defensa imposible. Sostuvo que las sentencias de nulidad matrimonial que pronuncian los tribunales eclesiales no dependen de los recursos económicos o la estirpe de los solicitantes. Arguyó que, por el contrario, existe un trato justo e igualitario para todos…
Como se sabe, técnicamente la declaración de nulidad no es asimilable al divorcio, ya que, según aducen los expertos, la Iglesia no puede disolver un matrimonio válido, sino que se limita a reconocer que una unión que aparentemente fue un vínculo matrimonial en rigor nunca lo fue. "Es como cuando alguien somete a prueba una pulsera que cree que es de oro y resulta que es sólo dorada. La prueba no 'convierte' el oro en bronce, sino que descubre que lo que se tenía por oro no lo era en realidad y nunca lo fue" explicó Medina.
El prelado agregó que la Iglesia examina con igual interés la causa matrimonial de un príncipe, que la de una persona pobre. A quien no tiene recursos se le asigna un abogado gratuito. Las causales de nulidad son variadas: presión física o moral, anormalidades, falta de consentimiento matrimonial para toda la vida, etc. "Por discreción, los tribunales de la Iglesia no hacen públicas las causales en que se funda una sentencia que reconoce la nulidad de un determinado matrimonio. La sentencia se da a conocer a las partes y ellas tienen la facultad de apelar a un tribunal superior si no están conformes con el veredicto de la instancia. Para que la declaración de nulidad produzca efectos debe ser pronunciada por dos instancias diferentes, y ambas deben reconocer la existencia de la nulidad".
MOTIVO DE ESCÁNDALO
Pocas dudas caben de que la opinión pública recibe con incredulidad este tipo de explicaciones y distingos que suenan a fariseísmo. Puede anticiparse que la postura de cerrada oposición que buena parte de la Jerarquía proyecta mostrar ante un proyecto de ley de divorcio en Chile se verá gravemente debilitada con esta sentencia vaticana.
La inmensa mayoría de los católicos divorciados que sigue dentro de la Iglesia debe haber reaccionado con amargura. A muchos de ellos la Iglesia les niega en la práctica el derecho a la justicia, ya que los tribunales se hallan atestados de causas. Los pacientes que se ponen a la cola saben que a menudo les será muy difícil probar la validez de sus argumentos. Y pensar que la gran mayoría de ellos han recibido oportunidades mucho menores de desarrollo intelectual, material y humano que Carolina, carencias y limitaciones que explican en medida importante el fracaso de sus matrimonios. Pero a ellos se les niega justicia o se los trata duramente.
Carolina ya puede comulgar, pero miles y miles de católicos que siguen fieles a su Iglesia pese a haber contraído un nuevo matrimonio continúan soportando de por vida la condena de no poder acercarse a la Eucaristía.
"Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme" es una oración prohibida para los católicos divorciados que no tengan los medios y la suerte de la princesa monegasca.
MOTIVO DE ESCÁNDALO
Felizmente, dentro de la Iglesia hay algunos obispos corajudos que se han atrevido a manifestar su protesta por este escándalo. Ahí está el caso del obispo de Evreux, cerca de París, Jacques Gaillot. "La opinión pública deducirá que la Iglesia Católica emplea dos pesos y dos medidas. Basta con tener dinero y formar parte de los grandes del mundo para obtener lo que se quiera". Gaillot agrega que "en vez de tanta generosidad con una princesa, la Iglesia haría mejor en comprender y acoger a los divorciados vueltos a casar, permitiéndoles el acceso a la comunión eucarística. Sería justo y ciertamente más evangélico". Entretanto, muchas Carolinas (y Carolinos) deberán seguir esperando justicia y caridad.