Camino al andar
Septiembre de 1990

Universidades católicas abandonadas por los obispos

En muchas de las cuales resulta más fácil ser indiferente o ateo práctico, que un laico comprometido

LOS INTEGRANTES DE la Conferencia Episcopal de Chile se atrevieron a brindar su patrocinio al primer encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Universidades Católicas, organizado por la FEUC a comienzos de septiembre, pese a que presentían que los jóvenes no se desharían precisamente en elogios para con los pastores al examinar la realidad de las entidades de enseñanza superior que maneja la Iglesia.

Fue un gesto de madurez de nuestros obispos, inspirado tal vez en eso de que nos hallamos "en el tiempo de escucha", en el marco de la Segunda Evangelización. La escucha no puede reducirse a aquello que nos resulta grato o melodioso; puede que lo que el otro diga sea objetivamente injusto o desproporcionado, pero la autoridad debe empeñarse por tratar de entender las motivaciones y causas que llevan al otro a formular tales planteamientos.

El encuentro fue también una manifestación de madurez de los jóvenes católicos que dirigen en la actualidad la FEUC, tras tantos años de asfixiante beaterío disfrazado de apoliticismo. Al organizar este ambicioso evento, en el que participaron representantes de 24 planteles de 16 países de la región, estos dirigentes demostraron entender que es también derecho de los laicos evaluar, con respeto, pero no sin franqueza, la eventual brecha que existe entre las palabras y las actuaciones de la Iglesia y de nuestros pastores.

Esta posibilidad pone los nervios de punta a numerosos obispos y sacerdotes y violenta a muchos laicos, acostumbrados a comportarse como criaturas de jardín infantil o individuos infradotados.

Las conclusiones a las que llegaron los jóvenes no constituyen una gran novedad. La observación de lo que ha representado nuestra Universidad Católica de Chile durante todos estos años comprueba de que para ella y sus ejecutivos, aquello de la opción preferencial por los pobres no ha pasado de ser un chiste. Señalan las conclusiones: "Las universidades católicas no han sido una opción clave y funcional de evangelización, lo que se contradice con lo expresado por el el documento de Puebla, sino que han sido literalmente abandonadas a su suerte por los obispos de la región". Agregan los jóvenes: "Se requiere la apertura de mayores espacios de participación efectiva y que los obispos impulsen procesos de discusión interna".

Las propuestas incluyen el freno a la creciente elitización económica de estas universidades, el fomento de la opción preferencial por los pobres al definir la orientación de las diversas disciplinas académicas (el caso de la Facultad de Economía de la UC, contaminada por un materialismo frenético) y la construcción de comunidades cristianas al interior de estos planteles.

Algunos podrán decir que estas conclusiones no representan el sentir de la mayoría de los estudiantes de las universidades católicas de la región. Es probable que tengan razón. El grueso de los jóvenes, provenientes de familias adineradas, llegan a esas casas de estudio con el objeto fundamental de obtener un título profesional y consolidar relaciones que les ayuden después a triunfar en la vida en términos materiales.

Pero es también probable que las mencionadas propuestas y conclusiones sean un adecuado reflejo de aquella minoría que, no sin dificultades, aunque resulte paradojal, trata de vivir de veras su fe cristiana al interior de las universidades católicas, en muchas de las cuales resulta más fácil ser indiferente o ateo práctico, que un laico comprometido.