Criticable procedimiento
Alto personero del Arzobispado de Santiago olvida que la caridad es cortés y que nos impulsa a actuar con sentido de justicia
EL SECRETARIO GENERAL del Arzobispado capitalino, don Bernardo Herrera, se ha dado la molestia de dirigir a los párrocos y directores de colegios católicos la siguiente circular.
Frente a reiteradas consultas acerca de la publicación titulada Iglesia Nuestra, esta Secretaría General cumple con informar que: i) La mencionada publicación no cuenta con la autorización de Arzobispado y, en consecuencia, no refleja el pensamiento oficial de la Iglesia; por tanto, sus afirmaciones son de exclusiva responsabilidad de sus autores; ii) Deslinda toda responsabilidad ante los errores que pudieren inducirse.
El Secretario pudo habernos llamado fraternalmente, con el respeto que se merecen laicos comprometidos con su Iglesia, a fin de trabar conocimiento personal y manifestarnos la inquietud que este boletín había suscitado. Pudo haber tenido al menos la cortesía ("la caridad no es descortés" enseña San Pablo) de remitirnos la nota que envió a colegios y parroquias, ya que nosotros habíamos tenido la deferencia de hacerle llegar el boletín. Nada de eso. Lamentable.
"La mencionada publicación no cuenta con la autorización de este Arzobispado..." ¿Necesitamos ese permiso, siendo laicos? No. ¿Se requiere el visto bueno de la autoridad para ayudar a la formación de opinión pública en una comunidad? ¡Novedosa teoría que los cerebros de Pinochet no llegaron a idear! La advertencia del Secretario comprueba que es imperativo de promover el conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia... entre los propios sacerdotes.
La nota podría haber señalado: "Como el propio editor lo deja en claro, esta publicación no tiene carácter oficial". No, su autor lo redactó, nos dicen que sin mala intención, de manera que dejó la impresión de que hemos tratado de sorprender la buena fe de curas y religiosas.
Pudo, por último, haber valorado esta iniciativa. Soñemos: "Aunque no oficial, este boletín tiene el mérito de constituir un interesante intento por ayudar a la formación de opinión pública en el seno de nuestra Iglesia, sin perjuicio de errores que son inherentes a toda iniciativa pionera. Seguiremos con atención esta iniciativa, brindaremos a sus autores consejo y orientación si nos los solicitan, y señalaremos sus errores cuando los cometan". En lugar de eso, prefirió el Secretario deslindar responsabilidades ante ¡posibles! errores.
¿Alguna vez el Secretario del Arzobispado se ha preocupado de advertir a todos los curas y directores de colegios que el sacerdote Raúl Hasbún no es en absoluto la voz oficial de nuestra Iglesia, pese a que éste siempre proyecta la imagen de que habla en nombre de ella? ¿Quién le concede la indispensable licencia eclesiástica a dicho sacerdote para que haga tanto daño a la Iglesia con sus comentarios por televisión? ¿Quién es el que no se atreve a ponerle el cascabel al gato, ni siquiera en democracia? Son preguntas que miles de fieles se formulan, y a las que el Arzobispado tendría que responder con la misma presteza y claridad con que ha señalado su ninguna relación con nosotros.
Si criticamos la actitud de don Bernardo es porque nos parece que estos procedimientos son por desgracia bastante más frecuentes de lo que se piensa y resultan dañinos para la convivencia de los integrantes de la comunidad de creyentes.