Camino al andar
Junio de 1990

Director Ejecutivo del Canal 13: discutible ratificación

Si sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos hubiesen tenido la más mínima posibilidad de opinar sobre este nombramiento, Eleodoro Rodríguez no habría sido reelegido

HE AQUÍ UN personaje que desafía los cambios de regímenes políticos y el paso de arzobispos y cardenales. Don Eleodoro Rodríguez tiene el mérito innegable de estar desde hace 16 años al frente del más importante medio de comunicación que proyecta la imagen de la Iglesia Católica, y de haberse ganado el derecho a permanecer otros cinco en tan importante cargo, capacidad de permanencia que más de alguien le estará envidiando.

La designación de Rodríguez por un período adicional de cinco años al frente del Canal 13 fue ratificada por el flamante arzobispo Carlos Oviedo, a propuesta del Rector de la Universidad Católica, quien antes había sometido el nombramiento al Consejo Superior del plantel, el cual le otorgó su más amplio acuerdo.

Parece ocioso señalar que el Canal 13 es el medio de difusión más importante que posee la Iglesia en Chile. A su lado, la Radio Chilena y la cadena de emisoras regionales o locales que de una u otra manera dependen de los obispados o de congregaciones religiosas aparecen como instrumentos de pequeño alcance. Para qué hablar del conjunto de boletines diocesanos o vicariales.

CAUSA DE ESCÁNDALO

Es probable que si sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos hubiesen tenido la más mínima posibilidad de opinar sobre este nombramiento, Rodríguez no hubiese logrado unanimidad.

Durante los pasados 16 años el Canal 13 fue a menudo motivo de escándalo no sólo para el grueso de los chilenos, sino para la gran mayoría de los laicos comprometidos con su fe. En sus espacios informativos la verdad fue escamoteada y adulterada y se silenció de manera sistemática la voz de los pastores, al punto de impedirse el acceso a sus pantallas de los cardenales Silva Henríquez, primero, y Fresno después, en coyunturas muy críticas para la evolución política del país. A lo anterior se agrega un desenfrenado fomento del consumismo y del materialismo práctico, a través de una publicidad cuya única meta parece ser maximizar las ventas y de espacios de entretenimiento que favorecen la alienación y la frivolidad.

EL PAPEL DE DON ELEODORO

¿Qué papel le ha cabido en todo esto a don Eleodoro? Parece ser un caballero muy honorable y, probablemente, un católico "practicante", según la denominación que utilizan algunos. Tal vez concurra a misa todos los domingos, se haya casado una sola vez y pague puntualmente el dinero del culto.

Es probable, incluso, que durante los pasados 16 años haya hecho todo lo posible, dentro de los márgenes de la prudencia, claro está, para ampliar el espectro de lo permitido en los espacios noticiosos, de modo que el Canal se ajustara en mayor medida a los insistentes pedidos que lanza el Papa en el Día Mundial de las Comunicaciones. Es probable también que haya estado con la renuncia en la mano cuando el Canal decidió negarle tribuna al Cardenal Silva y, más tarde, al Cardenal Fresno, y que haya decidido retirarla porque permaneciendo en su cargo podía, después de todo, servir mejor a la Iglesia. Puede uno conjeturar que ha hecho lo imposible por sacar del Canal 13 a un comentarista como el sacerdote Raúl Hasbún, que tanto rechazo produce entre sus pares y los laicos comprometidos, debido a su indisimulada adhesión al autoritarismo y a la ingenuidad con que le sirve de propagandista.

Tal vez todo esto haya ocurrido, caso en el cual don Eleodoro Rodríguez habría sido un fiel abnegado y leal, modesto por añadidura, que sobrellevó en silencio una cruz que pocos podrían envidiarle y las injustas sospechas de tantos otros.

Es cierto que durante la interminable experiencia autoritaria los canales de televisión en general fueron los medios de comunicación que más severamente sufrieron la censura y el control ideológico. La dictadura aflojó tempranamente la tenaza en lo tocante a las revistas, con lo que Hoy pudo aparecer allá por 1978, seguro de que llegarían a un universo muy pequeño. También pudo darse el lujo de permitir grados crecientes de libertad en el puñado de radioemisoras independientes, en su mayoría vinculadas a la Iglesia, ya que la influencia de éstas era sin duda escasa frente a la del conjunto de los canales televisivos, que siguieron hasta después del plebiscito bajo su férreo control. Es cierto, también, que el 13 fue siempre algo más abierto y menos sectario que el Canal nacional y que fue el primero en abrirse, aunque tímidamente, cuando el derrumbe de la dictadura pareció inevitable.

UNA EXPLICACIÓN PENDIENTE

Pero la opinión pública católica, esa gran masa de creyentes dispersos que se nuclea en torno de parroquias y comunidades eclesiales de base o grupos de reflexión, merecería una explicación más convincente acerca de la conducta de don Eleodoro Rodríguez y de las razones que movieron a la autoridad eclesiástica a ratificar a este personero en su cargo.

Merece también que se les explique qué rol va a cumplir el Canal en la etapa por la que empieza a transitar el país y de qué forma este instrumento formidable se pondrá al servicio de la nueva Evangelización del país.

La mayoría de los chilenos tiene contactos esporádicos con la Iglesia, que se dan con motivo de la peregrinación a un santuario o la asistencia a un matrimonio, funeral, bautismo o primera comunión. Para esa gran masa, el Canal 13 constituye su única forma de exposición al anuncio de la Palabra. Y esa gente está convencida de que el Canal pertenece a la Iglesia y habla por ella.

Sería una ingenuidad torpe y culpable propiciar que ese medio sea utilizado principalmente para trasmitir misas y novenas, vidas de santos y beatos, y cursos bíblicos a distancia. Pero hace falta un planteamiento en serio acerca de cómo, en una sociedad pluralista y en acelerado proceso de secularización, un canal televisivo puede convertirse en un instrumento de auténtica evangelización, entendida en el sentido amplio que le otorgaba Paulo VI, esto es de impregnar la cultura con los valores cristianos.

Es posible que el Arzobispo de Santiago carezca de reales atribuciones para poner al frente del Canal 13 a un hombre de su confianza y deba simplemente ratificar una designación que obedece a criterios que tienen poco que ver con los intereses más profundos de la Iglesia. Es probable que el Canal esté manejado por un círculo cerrado de personas muy influyentes y a las que les gusta pasar inadvertidas. No sería raro porque a la hora de las decisiones es frecuente que en la Iglesia ejerzan influencia exorbitante algunos círculos que no actúan de cara a la comunidad eclesial.

Es la explicación que durante estos años esgrimieron a menudo los sacerdotes cuando los laicos comprometidos se quejaban amargamente de los contenidos de la programación del Canal 13. Pero si ésa fuese la verdad, más valdría la pena decirlo de una buena vez, terminando así con una práctica que si pudo tener alguna justificación bajo la dictadura, parece ahora carecer de todo fundamento.