Arzobispo Oviedo: envidiable acogida
El nuevo pastor de la Arquidiócesis de Santiago es un hombre bueno, de ejemplar modestia, sensible al dolor y sufrimiento, tal vez algo simple en algunos de sus razonamientos, pero abierto al diálogo.
MONSEÑOR CARLOS OVIEDO sabe que la buena acogida que su nombramiento como Arzobispo de Santiago suscitó tanto dentro como fuera de la Iglesia obedece en medida apreciable al alivio de que el designado por el Vaticano no fuese quien se rumoreaba. En parroquias y comunidades cristianas imperó desde fines de 1989 un verdadero terror ante la posibilidad de que un candidato conocido por sus posturas conservadoras y autoritarias pudiese quedar al frente de la Iglesia más importante del país, posibilidad que se veía reforzada ante el nombramiento de pastores de semejante orientación en otras diócesis del interior.
El temor obedecía probablemente a cálculos demasiado humanos. Son varios ya los casos de sacerdotes reaccionarios que una vez que asumen el cargo de obispos experimentan una evolución que los lleva a posturas más abiertas e incluso francamente comprometidas con la justicia y los pobres.
La película Romero tiene el mérito de mostrar ese doloroso proceso de desgarramiento interior que experimentó el Arzobispo salvadoreño, del que sólo vino a aliviarlo su martirio. En nuestro medio, todavía está fresco en la memoria el caso del Obispo Enrique Alvear. Cabe recordar que el nombramiento de Monseñor Raúl Silva Henríquez, allá por 1963, fue interpretado como "un triunfo de la Derecha", ya que muchos progresistas de entonces eran partidarios... de don Emilio Tagle.
Es que el obispo no lo es todo; y salvo que se trate de un completo tirano, no puede menos que entrar en interacción con su pueblo y con la realidad en que se halla inmerso, así como en diálogo con los laicos comprometidos y personas de buena voluntad. Las tendencias autoritarias pueden tal vez imponerse en diócesis pequeñas, donde se carece de núcleos de laicos dotados de una autonomía siquiera mínima para entablar un diálogo fecundo con el pastor, pero no en iglesias de mayor tamaño y tradición, como la de Santiago.
El generalizado beneplácito con que fue acogido el nuevo arzobispo queda en evidencia en comentarios aparecidos en los más disímiles medios de prensa. La revista Mensaje señaló:
"La designación de don Carlos Oviedo fue recibida con general satisfacción por los miembros de la Iglesia, que se sintieron escuchados en sus preocupaciones y consideran que habrá una fundamental continuidad en las grandes líneas pastorales de la arquidiócesis".
Una crónica del jesuita Guillermo Marshall en la misma revista hace un elogio casi ingenuo de la gestión de Oviedo en el Norte:
"Don Carlos ha sido un gran Arzobispo de Antofagasta. Piadoso, trabajador, prudente e inteligente.... Nunca hubiera imaginado que un obispo pudiera trabajar tanto. Un domingo cualquiera comportaba cinco actividades pastorales: dos misas con su inspirada predicación, visita a los enfermos, charla y reunión con las religiosas después de almuerzo; en la tarde, confirmaciones..."
El Mercurio definió así la postura del sector ideológico al que representa:
"La extensa y rica trayectoria pastoral de Monseñor Oviedo, su sólida formación teológica y doctrinaria y el énfasis misionero de la Orden Mercedaria a la cual pertenece le auguran un seguro éxito en su delicada misión.... Señaló en la homilía de su entronización que procurará ser 'un pastor de todos y para todos', asegurando que no se identifica con ningún grupo social, económico ni político. Más adelante agregó que 'nada nos es indiferente, porque a Dios nada le es indiferente', pero advirtió que 'no es la Iglesia como tal la que debe aportar a la sociedad civil y política las soluciones del presente y del futuro'. Los católicos y la ciudadanía en general pueden pues esperar confiados en que la voz del nuevo Arzobispo será siempre signo de esperanza, verdad y unidad en Chile."
Oviedo ha dado pruebas desde el principio de su gestión de que era probablemente el más indicado para el cargo. De su homilía al asumir como pastor, lo más esperanzador para este boletín fue su compromiso personal explícito con la figura del Buen Pastor.
"Yo le seré si mi vida se acerca más a la figura del Señor y se nutre de su Palabra desde el amanecer hasta la noche.... Yo seré fiel si logro amar a todos, y de manera preferente a los que sufren, a los pobres, a los enfermos...."
Pocos días después, tras una emocionante visita a la sede de la Vicaría de la Solidaridad, señalaba:
"La misión de un Pastor es ayudar a los que sufren, a los aproblemados, a los afligidos y, en general, a todos los fieles, ya que Jesús murió por la salvación de toda la humanidad".
La confirmación de toda la plana jerárquica superior de la arquidiócesis traduce la decisión de Oviedo de no introducir cambios en materia pastoral, sin perjuicio de los ajustes indispensables derivados del nuevo contexto en que ha pasado a desenvolverse la Iglesia de Santiago. De otro lado, la entrevista que le hizo Raquel Correa en Canal 13 permitió al grueso público comprobar que Oviedo es, sobre todo, un hombre bueno, de una modestia ejemplar, sensible al dolor y sufrimiento, tal vez algo simple en algunos de sus razonamientos, pero abierto al diálogo. La Iglesia de Santiago ha tenido suerte una vez más.