Camino al andar
Marzo de 1991

Una Iglesia visceralmente antifeminista

"Eres ciudadana de segunda clase...porque Dios así lo quiso. Porque Dios ¡también es hombre!". Los Prisioneros.

Y TAMBIÉN ERES, mujer, ciudadana de segunda clase dentro de la Iglesia. Después de algunos años de avances, las cosas van para atrás. Más allá de las palabras lindas, como las que pronunció el Papa en el Día Internacional de la Mujer, lo cierto es que dentro de la comunidad católica se observa ahora una verdadera razzia antifemenina. En muchas parroquias le están impidiendo incluso que lea los textos sagrados durante la Misa y servir de acólitas.

La película "Yo, la peor de todas", sobre la vida de la insigne religiosa mexicana Juana Inés de la Cruz, exhibida recientemente en las pantallas chilenas, comprueba, más allá de las inexactitudes o licencias propias de una obra cinematográfica, el trato que la Iglesia Católica ha dispensado tradicionalmente a sus hijas. En nombre de la tradición se les ha vedado el acceso al sacerdocio. Y cuando ese argumento no basta, se recurre simplemente al de la autoridad para impedir el resurgimiento de la antiquísima tradición de las diaconisas. Todo vale para mantener la institución eclesial bajo el firme mando de varones que, haciendo tabla rasa de la tradición, al punto de olvidar que Jesús eligió como jefe de su Iglesia a un hombre casado, han impuesto el celibato como exigencia ineludible para el sacerdocio.

CATÓLICOS Y ANGLICANOS

En el seno de la comunidad católica comienzan a manifestarse voces y actitudes disidentes. Los teólogos de la diócesis de Linz (Alta Austria) que aspiran a ser diáconos han decidido en forma casi unánime no dejarse consagrar hasta que se admita también a mujeres para este ministerio. El vicario general, Josef Ahammer, ha señalado que se trata de una decisión que compete al Vaticano, pero que la existencia de diaconisas podría considerarse como "enriquecimiento para los diversos servicios de la Iglesia". La discusión podría cargar aún más la atmósfera en la iglesia austríaca, tras el debate sobre si se admiten monaguillos femeninos, desencadenado por el nuevo obispo de S. Poelten, quien expulsó a las muchachas del recinto del altar.

Una portavoz de las mujeres de formación teológica de Alta Austria, señaló que no hay motivos teológicos para impedir la consagración de diaconisas, ya que éstas existían sin duda alguna en la Iglesia primitiva. Subrayó que se presentan situaciones humillantes para las mujeres que preparan a las familias para el bautizo de su hijo o a una pareja joven quiere casarse y después, para la ceremonia misma, se hace llegar de fuera a un sacerdote.

Nuestros hermanos anglicanos están dando pasos vigorosos para superar una discriminación que constituye una ofensa para el Cuerpo Místico, donde todos somos iguales en dignidad e importancia, todos somos sacerdotes, profetas y reyes. "Hoy es el día de la gloriosa liberación de los hijos de Dios del estereotipo impuesto a las mujeres" señaló hace a comienzos de marzo de 1992 el arzobispo anglicano de Perth, al consagrar a las diez primeras sacerdotisas de esa Iglesia en Australia. "Hoy es el día de expandir los horizontes y de abrir nuevas perspectivas para las propias candidatas y para las mujeres en general para la iglesia de nuestro país y para el mundo del futuro".

La ordenación de mujeres por parte de los anglicanos se ha transformado en un severo obstáculo para los esfuerzos de aproximación entre esta Iglesia y la Católica Romana. Pero al interior de esta última el cuestionamiento de la postura tradicional de Roma es cada vez mayor. Prueba de ello es el artículo que reproducimos parcialmente a continuación y que apareció hace pocas semanas en la revista católica Vida Nueva, órgano oficioso del Episcopado español.

Nos alegra que el tema comience a ser debatido sin tapujos al interior de la comunidad de creyentes, primer paso para la superación de un trato discriminatorio en contra de la mujer del que todos somos en alguna medida culpables.