Camino al andar
Marzo de 1991

El camino de Cristo hasta la cruz

Reflexiones para el recorrido de las 14 estaciones del Vía Crucis

I. TE CONDENAN A MUERTE

Un tribunal corrupto —sabemos muy bien lo que es eso— te condena a muerte. Con testigos falsos, a medianoche, sin derecho a defensa. Con voz engolada, creyéndose la encarnación misma de la justicia, los miembros del tribunal dictan el veredicto.

Perdón por las veces que hemos condenado a otros, que los hemos descalificado en forma inapelable sin siquiera escucharlos o tratar de comprenderlos, creyéndonos llamados a juzgar. Perdón por las veces que, por cobardía o comodidad, callamos ante el abuso en contra del débil o del inocente. Por las veces en que nos encogemos de hombros dentro de nuestra propia Iglesia o comunidad religiosa.

II. CARGAS EL MADERO

Ahí vas, Señor, después de sufrir azotes y la corona de espinas, abandonado de tus amigos, arrastrando tu propia cruz, Tú que sólo habías tenido palabras de vida y gestos de bondad.

Perdón por las veces que nos rebelamos ante nuestra propia cruz. Perdón porque en ocasiones hemos llegado a pensar que el dolor es un castigo de Dios, en lugar de tomarlo como una forma de acompañarte en tu Pasión, en el camino a la Vida que no acaba.

III. AL SUELO POR PRIMERA VEZ

Muerdes el polvo, Señor. Tú, que eres Dios no quisiste evitar la humillación de estar por tierra, en medio de la burla de tus enemigos.

Perdón por nuestro orgullo indomeñable, que a veces hasta se disfraza de humildad. Ayúdanos a descubrir que derrotas y fracasos pueden ser una señal que Tú envías para que seamos más humildes y conscientes de nuestras limitaciones.

IV. TE ENCUENTRAS CON TU MADRE

Ella camina cerca tuyo. La mujer que te vio nacer en un pesebre, ahora te mira transformado en un guiñapo humano. Pero su fe permanece inconmovible.

Señor, que aprendamos a agradecer el gesto de los amigos y hermanos que saben estar junto a nosotros en los momentos más duros.

V. OBLIGAN AL CIRINEO A AYUDARTE

Los soldados te ven tan débil que obligan a un hombre a ayudarte con el peso de la cruz. Se resiste el Cirineo.

Perdón Señor porque tan a menudo le hacemos el quite al hermano que necesita de nuestra ayuda, de nuestro consejo, de nuestro tiempo, de lo que somos.

VI. LA VERÓNICA LIMPIA TU ROSTRO

He aquí una mujer que no tiene miedo. Rompe las filas de los soldados y con un paño limpia tu rostro lleno de escupos, sudor y sangre.

Señor, ayúdanos a descubrir que desde el rostro del drogadicto y del alcohólico, del anciano abandonado, del que está aplastado por la depresión, desde todos esos rostros eres Tú mismo quien nos llamas.

VII. DE NUEVO MUERDES EL POLVO

De nuevo te vas al suelo. Ahí estás agotado, humillado, pateado por quienes te rodean.

Señor, tú sabes lo que es la debilidad humana, las veces que nuestras buenas intenciones terminan en el fracaso. Tú nos comprendes porque no te quedaste en medio de las nubes, sino que te hiciste uno de nosotros y asumiste toda la realidad humana. Casi.

VIII. CONSUELAS A UNAS MUJERES

Menospreciadas en su época, como todavía hoy en tantas partes, incluso dentro de tu propia Iglesia, siempre tuviste un trato afectuoso con ellas. En el camino al Calvario, algunas de ellas muestran piedad por Ti. Y Tú te das ánimo para consolarlas.

Perdón Señor porque cometemos a menudo el pecado de encerrarnos en nuestros problemas y dolores, ignorando el sufrimiento de tantos otros.

IX. CAES POR TERCERA VEZ

Subiendo al cerro sufres una nueva caída. Pero no has cumplido todavía la misión que te encomendó tu Padre. Reúnes todas las fuerzas que te quedan, y ahí estás otra vez de pie, otra vez en marcha.

Perdón Señor por nuestra tendencia a quedarnos caídos en nuestra mediocridad, en las excusas baratas. Que nos levantemos, Señor, no importa las veces que caigamos.

X. TE DESNUDAN PARA CRUCIFICARTE

Nada tuyo te han dejado, Señor. Te han despojado de todo. Así enfrentas la muerte.

Perdón Señor por nuestro afán de poseer tantas cosas, por nuestro miedo a deshacernos de preocupaciones inútiles y vanidosas. Perdón por ser tan vulnerables a la publicidad, que nos inventa necesidades inútiles, que nos hacen esclavos del consumo y del prestigio social.

XI. TE CLAVAN AL MADERO

Suena el martillo sobre los clavos,que traspasan tus manos y tus pies. El martillo, los clavos, que debieran instrumentos para construir, transformados en instrumentos de tortura.

Señor, perdón porque usamos tantos recursos de esta tierra para transformarlos en instrumentos de destrucción y muerte, porque estamos contaminando y destruyendo la naturaleza.

XII. MUERES EN LA CRUZ

Ya se ha cumplido toda la voluntad de tu Padre. Has amado hasta el fin, has perdonado sin condiciones. Has rechazado la última tentación, la de demostrar a todos, bajando de la cruz, que eres el Hijo de Dios. Te has sentido abandonado en medio de tu angustia. Ahora encomiendas tu alma al Padre.

Ayúdanos a no ignorar la muerte ni a mirarla con indiferencia, sino a descubrir que ella es el paso a una nueva Vida.

XIII. BAJAN TU CADÁVER DE LA CRUZ

Pareces un fracasado absoluto. Tus amigos te han abandonado y tú eres ahora un cadáver que empieza a helarse y a ponerse rígido.

Ayúdanos, Señor a entender que el dolor, el fracaso, la frustración —¡Tú sabes cuántos la sufrimos al ver tu Iglesia— y la muerte no son inútiles cuando sabemos vivir estas experiencias junto a Ti!

XIV. TE PONEN EN UN SEPULCRO

Ni siquiera hay tiempo para velarte. Todos tienen que irse a casa porque viene una fiesta religiosa muy importante. El sepulcro en que te ponen es prestado.

Señor, que allí donde haya desesperación, como junto a un sepulcro, a un enfermo incurable, a una persona sumida en la depresión, a un joven que se siente burlado en su sed de justicia, a una Iglesia que se cierra al mundo y a tu Espíritu, pongamos nosotros esperanza. Allí donde haya tinieblas, luz.

Porque perdonando se recibe perdón. Y muriendo contigo se pasa a la Vida que no se acaba.