Curia vaticana, atornillando al revés
Sus procedimientos provocan el alejamiento o la desmoralización de millones de fieles
LA ECONOMÍA CHILENA está inserta en el mundo. Nos hallamos inmersos en las corrientes comerciales y financieras internacionales. Pero como Iglesia parecemos una isla. Permanecemos al margen de los grandes debates e inquietudes que sacuden a la comunidad universal de creyentes. Ni siquiera las revistas consideradas progresistas, como Mensaje, informan acerca de los debates y polémicas que agitan a la Iglesia Universal. Bendita marginación, pensarán algunos. No nosotros.
La Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo, impartida hace algunas semanas por la Congregación que dirige el Cardenal Ratzinger sigue dando que hablar en la gran prensa católica.
"Lo que llama la atención en el documento vaticano tiene que ver no tanto con los problemas de las relaciones entre el Magisterio y los teólogos, sino con la fórmula de solución que se plantea. Esta consiste en otorgar una especie de extensión casi ilimitada a la noción de infalibilidad del Magisterio", apunta un reciente editorial de la revista L'Eglise canadienne (Iglesia canadiense).
Señala por su lado el teólogo francés René Coste: "El punto capital, por lo novedoso, que remite a la profesión de fe establecida el año pasado, lo constituye la afirmación de que cuando el Magisterio 'propone' de una manera definitiva 'verdades concernientes a la fe y a las costumbres que, aun cuando no hayan sido divinamente reveladas, están estrechamente asociadas a la Revelación, éstas han de ser categóricamente aceptadas y asumidas. ¿No estaríamos en presencia de una ampliación discutible del ámbito de la infalibilidad?
Volvamos al editorial de la publicación canadiense. Este reconoce el deber ineludible del Magisterio de tratar de promover la unidad en la interpretación de la Palabra, en un mundo que encierra una pluralidad de ideologías y en el que proliferan movimientos religiosos de todo tipo "Sin embargo, habría que evitar que esta seria responsabilidad bloquee el necesario y sistemático cuestionamiento por parte de los teólogos, quienes, a su turno, han de ser inspirados y apoyados por los pastores, los agentes pastorales y los cristianos comprometidos". Termina: "La ampliación del concepto de infalibilidad, así como el silenciamiento de las controversias en los medios de comunicación encierra el peligro de sumir a los bautizados en el infantilismo. La madurez cristiana supone, al igual que la madurez humana, la capacidad de cuestionarse, de discutir, de adaptarse, de distinguir entre lo accesorio y lo esencial, entre lo relativo y lo absoluto. La fe es doctrina y vida. Pero, en la práctica, y así lo atestigua la historia de la Iglesia a través de los siglos, es la vida la que interroga primero a la fe".
¿DISENSO O DESACUERDO?
Por su lado, el padre Walter Principe, presidente de la Sociedad Teológica Católica de América, ha preferido iniciar un análisis del mencionado documento con un elogio de su riqueza y sus virtudes. "Incluye numerosos elementos positivos, que sabrán ser valorados por los teólogos y que ayudarán asimismo a superar el desdén con que algunos católicos se refieren a la teología y los teólogos.... El documento recuerda que Dios ha conferido el don de la verdad al conjunto del Pueblo de Dios, que posee una función profética en el mundo y que en gran número recibe el Espíritu Santo de verdad y gracias especiales concedidas en vista del bien común".
Principe lamenta que los grandes medios de comunicación se hayan concentrado en forma casi exclusiva en el problema del disenso al interior de la Iglesia. "Ello pone de manifiesto las dificultades que suscita la tendencia de dichos medios a pasar por alto 'las buenas noticias' y a destacar, en cambio, las discrepancias y los conflictos". Entrando en el problema mismo, señala que hubiese sido preferible en la Instrucción utilizar la palabra 'desacuerdo', en lugar de la de 'disenso', ya que esta última da la idea de una ruptura con la Iglesia y sus autoridades. Los teólogos que están en desacuerdo siguen siendo leales a la Iglesia... Sostiene que en definitiva las discrepancias no tiene tanto que ver con el desacuerdo en sí, sino con la difusión pública de las mismas.
Sin embargo, el propio padre Principe reconoce que es poco probable que esta Instrucción sea acogida de manera favorable por un número significativo de integrantes de su Sociedad. El rechazo de éstos será consecuencia no de una falta de respeto o de lealtad a Roma, sino más bien del afán de preservar el espíritu y la doctrina del Vaticano II.
Este sostuvo, según lo recuerda la propia Instrucción, que los católicos formamos parte del Pueblo de Dios, que todos compartimos el rol profético de Cristo, que la enseñanza de la Iglesia debe ser acogida por todo el Pueblo de Dios por un consenso de los fieles. Ahora bien, no cabe esperar que éstos ejerzan sus roles proféticos, reciban la enseñanza de la Iglesia o puedan llegar a un consenso ilustrado en lo concerniente a la doctrina eclesial si no disponen de información suficiente acerca del estatuto de los documentos oficiales y de la pluralidad posible de opiniones en la Iglesia en lo tocante a los asuntos abordados en los documentos. El nuevo Código de Derecho Canónico, al aludir a los fieles, dice que éstos tienen derecho, a veces en realidad el deber, de acuerdo a sus conocimientos, de manifestar a sus pastores sus puntos de vista respecto de materias que conciernan al bien de la Iglesia". Los fieles necesitan pues estar bien informados, merced a discusiones serias protagonizadas por teólogos competentes, que tienen un papel legítimo dentro de la Iglesia, rol a la vez diferente y recíproco frente a las autoridades oficiales.
LOS MÉTODOS DE LA CURIA ROMANA
En su análisis, el padre Principe arremete luego contra los funcionarios del Vaticano y los autores de la Instrucción, aunque sin nombrarlos. Dice que a menudo éstos "destacan el malestar que experimentan los fieles a causa de la discrepancia pública entre el Magisterio y las posturas de muchos teólogos, pero no perciben o tienden a olvidar los nocivos efectos de sus métodos: publicación de documentos sin consulta previa a los obispos; eliminación de debate legítimo mediante decisiones apresuradas en materias complejas; condena o imposición de silencio a ciertos teólogos; presentación de enseñanza sujeta a revisión como se si tratara casi de dogmas de fe. "Estos procedimientos perturban a un buen número de fieles y me atentan contra el espíritu de entendimiento y las relaciones ecuménicas. Muchos católicos están alejándose de la Iglesia, consternados por este tipo de procedimientos o, si perseveran en ella, se sienten desmoralizados y su compromiso se debilita".
Denuncia Principe que a menudo los documentos oficiales del Vaticano --ahí está el caso del Catecismo para la Iglesia Universal propuesto por la Congregación para la doctrina de la fe-- omiten precisar que por lo general sus enseñanzas no son de fe (de fide), que tales planteamientos han sido y pueden seguir siendo objeto de modificaciones y mejoras y que, en algunos casos, expresan sólo una opinión teológica particular. Agregado nuestro:
Da la impresión que no actúan de buena fe.