Camino al andar
Septiembre de 1990

Los peligros de las bodas de gente del jet set

Las bodas de personajes del jet set celebradas por el rito católico constituyen acontecimientos sociales que reciben amplia difusión, a riesgo de que degeneren en espectáculos que poco tienen que ver con el matrimonio católico

EL ULTIMO DE que tengamos memoria fue el de Miss Universo, la chilena Cecilia Bolocco. Ahora ya ha pasado un número suficiente de meses como para que el siguiente comentario no sea considerado un ataque personal odioso en contra de una mujer famosa y su esposo, que deben estar tratando de vivir su amor conyugal, en su condición de cristianos. Interesa referirse en general a las bodas de personas del jet set celebradas por el rito católico y que constituyen acontecimientos sociales que reciben amplia difusión.

NO ES AVENTURADO sostener que los matrimonios religiosos demasiado publicitados entrañan el riesgo de que la gente común, carente de mayor formación religiosa, pierda de vista lo esencial de la ceremonia, que es el compromiso libre y reflexivo de los esposos católicos ante el Señor y la Iglesia.

De otro lado, en ausencia de una comprensión clara de lo que significa este sacramento y de las obligaciones que el hombre y la mujer asumen, el matrimonio de artistas, empresarios o personajes famosos puede ser inválido, aunque se celebre en presencia de numerosos sacerdotes y en un templo resplandeciente. Es difícil que el despliegue de cámaras, periodistas e invitados, más propio de un show que de una ceremonia religiosa, ayude a poner de relieve los aspectos íntimos y profundos de esta ceremonia del matrimonio católico.

LA PREPARACIÓN RELIGIOSA

En el caso de las bodas de personajes, siempre surge la legítima duda de si los novios se sometieron a una adecuada preparación religiosa. Las personas de figuración pública no tienen por qué eximirse de las obligaciones que la Iglesia impone a cualquier creyente que quiera recibir este sacramento.

Sería interesante que cuando surja una nueva boda de este tipo la autoridad eclesiástica informe a la comunidad de fieles qué matrimonio preparó a la pareja y durante cuánto tiempo.

La exigencia de las charlas previas constituye una necesidad ineludible. Muchos novios, que creen saberlo todo o están demasiado ocupados en preparar los aspectos sociales del matrimonio, tratan de eludir estas clases. Sin embargo, hay evidencias abrumadoras en el sentido de que las rupturas matrimoniales obedecen en buena medida a una deficiente preparación de los contrayentes.

El grueso de los fracasos matrimoniales se precipita no por dificultades que se originan durante la vida de pareja, sino que por problemas de inmadurez, confusión de sentimientos, machismo, tendencias violentas, alcoholismo, irresponsabilidad, precaria vida religiosa, etc., que están ya presentes cuando los novios concurren al altar. Una adecuada preparación permite detectar estos casos, de modo que no se casen por la Iglesia parejas que objetivamente no deben hacerlo porque van más temprano que tarde a la ruptura.

El deseo de personajes públicos de rodear del máximo de solemnidad y de publicidad una ceremonia como el matrimonio es comprensible. Sin embargo, en resguardo precisamente del significado profundo de la ceremonia religiosa, sería bueno que la autoridad eclesiástica impusiera algunos límites para la conducta de periodistas e invitados en este tipo de eventos, de modo de salvaguardar en la medida de lo posible el carácter del sacramento y de evitar o atenuar distorsiones que tanto daño pueden hacer a otras parejas que se preparan al matrimonio.