Los ejecutivos de Canal 13, el chancho y el afrecho
Los mismos ejecutivos que toleran una serie de spots sexualmente incitantes y que permiten shows y seriales de los más osados, se ruborizan ante la alusión al preservativo.
EL GRUESO DE LA PUBLICIDAD que conocemos en Chile sugiere o plantea que el consumo y el pasarlo bien son los ídolos a los que es preciso consagrar la existencia humana, lo que envuelve un ateísmo práctico que importa un desprecio absoluto por los grandes valores cristianos y humanos.
El Canal 13 ha contribuido sistemáticamente a la instauración de esta cultura materialista. Sus ejecutivos son individuos que pueden saber mucho del negocio televisivo, de costos y de rating, pero que poco saben de valores. A la comercialización del sexo se agrega el fomento de la chatura cultural, la entrega de teleseries morbosas o amorales y la promoción de una cultura de la violencia. Quienquiera que conozca un poco la Iglesia por dentro sabe que la opinión de la abrumadora mayoría de sacerdotes y laicos comprometidos es severamente crítica de la gestión de los ejecutivos de este Canal.
En el último tiempo éstos han protagonizado tres nuevas situaciones que confieren mayor validez a la postura de sus críticos.
NUEVOS ESCÁNDALOS
Durante el extenso periodo autoritario, Canal 13 escamoteó en forma sistemática la verdad, censuró a obispos e incluso al cardenal Silva Henríquez, hizo propaganda indisimulada al régimen de Pinochet y violó todas las normas éticas que la Iglesia propone a los comunicadores cristianos. Sin embargo, sus ejecutivos hicieron publicar en la prensa grandes avisos anunciando el aniversario de su noticiario "Teletrece" bajo la consigna "32 años al servicio de la verdad". (!)
En forma casi simultánea, decidieron suprimir el equipo del programa periodístico "Mundo", después de censurar algunas de sus ediciones que abordaban temas 'peliagudos'. La explicación es que una autoridad universitaria dijo que no sería visto con buenos ojos que el canal católico hiciera un reportaje sobre el divorcio, pese a que se trataba de un documental serio y equilibrado. ¡Qué sensibilidad más exquisita acerca de lo que piensa o siente la opinión pública del país o de la Iglesia! Si se fuera consecuente, el Director Ejecutivo y sus colaboradores tendrían que salir de inmediato de sus puestos para ser reemplazados por gente que entendiera que un canal católico se diferencia por algo más que por transmitir la Misa del día domingo y poner una programación pechoña del año de la cocoa el Viernes Santo.
Después vino el episodio del rechazo de la campaña sobre el SIDA. Los mismos ejecutivos que toleran una serie de spots sexualmente incitantes, que han permitido shows y seriales de los más osados, se botan a cartuchones y se ruborizan ante la alusión al preservativo.
La falta de ejecutivos que piensen en cristiano tanto en la dirección general del Canal 13 como en su departamento de prensa quedó de manifiesto una vez más con motivo del doloroso episodio del reciente secuestro de una familia en el barrio de Ñuñoa, por parte de dos delincuentes extremistas, quienes fueron acribillados tras haber liberado a sus rehenes. Las peripecias de esa traumática jornada fueron cubiertas en directo por los canales. Se pregunta el sociólogo católico Patricio Dooner: "¿No es una manifestación elocuente de crisis moral, mucho más grave que la alusión a los condones, el hecho de que se haya montado un espectáculo circense-deportivo para cubrir la cacería de los secuestradores?"
Por supuesto, los ejecutivos del Canal 13 carecen de la formación moral indispensable para admitir el error. "Era esperable que algunos de sus voceros hubiera señalado que el estilo periodístico utilizado no fue el más católico; que la pirotecnia de los relatores y los malabarismos de las cámaras deben quedar reservados para los partidos de fútbol" agrega Dooner.
LA PAJA EN EL OJO AJENO
Se hace difícil evitar que esta crítica se confunda en ataque personal a los ejecutivos del 13, que por cierto no es la intención. Después de todo, la adopción de la ética cristiana es decisión libre de cada cual. El problema es que para dirigir un canal televisivo católico, es indispensable abrazar de corazón la ética del Evangelio. En abono de ellos habría que decir que la culpa no es del cerdo, sino del que le suministra el afrecho.
El grueso de la opinión pública tiene la equivocada percepción de que el Canal es de la Iglesia católica. Es hora, entonces, de que los obispos se pongan los pantalones y denuncien que el 13 no tiene nada que ver con ellos, o que exijan que se designe al frente del mismo a gente que crea en los valores cristianos. Mientras no sean capaces de poner en orden su propia casa, no tienen derecho a denunciar una supuesta crisis moral en la sociedad. Sería como ver la paja en el ojo ajeno, sin parar mientes en la viga que hay en el propio.