Lágrimas por Jaime Guzmán,
No pudimos estar más lejos de ti dentro de la Iglesia, pero lloramos sinceramente tu brutal asesinato y esperamos que al Señor te haya acogido ya en su Reino
TÚ ESTÁS EN el Más Allá, adonde no hay engaño que valga, así que te consta que cuando supe que habían atentado en tu contra sentí una pena y una preocupación muy grandes. Pedí al Señor que te salvara e imaginé que te enviaba una carta en la que te decía que, sin perjuicio de las enormes diferencias que nos separaban como miembros de la Iglesia y de las críticas duras que yo te había formulado en diversos ambientes, solidarizaba plenamente contigo en hora tan dura y te ofrecía mi oración para que te recuperaras y para que tuvieras la fuerza de perdonar a tus agresores.
Tu muerte fue una tragedia para tus seguidores, pero también para muchos cristianos que no podíamos estar más lejos de ti dentro de la Iglesia. Estoy seguro de hablar en nombre de ellos. Había razones para preocuparse, ya que tu brutal asesinato ponía en peligro la laboriosa reconstrucción de la democracia en Chile. Pero nuestro horror no obedecía en lo fundamental a cálculos políticos, sino al rechazo y sin atenuante alguno del asesinato. Algunos te habían atribuido grave responsabilidad en la masiva violación de derechos humanos ocurrida durante la dictadura, pero aun si ello hubiese sido cierto, nada autoriza nunca a levantar la mano armada contra el hermano. ¡Cómo no recordar que Dios Padre puso una marca en la frente de Caín para que nadie se atreviera a hacerle daño, porque sólo Dios tiene derecho a tomar la vida, y nadie, bajo circunstancia alguna, puede usurparle esa función!
Sabes que no compartimos algunos de los elogios que un capellán y un obispo castrenses te prodigaron en tus honras fúnebres. Tus posturas políticas fueron muy cuestionables y concitaron el rechazo categórico de amplios sectores cristianos. En varias oportunidades te pusiste en contra de los pastores y se dice que estuviste a punto de ser excomulgado. Pero entendemos que el juicio definitivo sólo le cabe a Dios. Es seguro, eso sí, que Él, Padre bondadoso, tomará en cuenta la honestidad con que actuaste y esa rigurosa sujeción a tu conciencia que debe ser la norma fundamental de todo cristiano. Sabrá también apreciar tus muchas gestiones discretas, silenciosas, que son las más valoradas por nuestro Padre, para salvar y proteger vidas amenazadas por la dictadura. Y tomará cuenta que pudiendo enriquecerte y llevar una vida regalada, optaste por un pasar más bien sencillo y por asumir el riesgo de defender tus ideas, coraje que terminó por costarte la vida.
Cuenta con nuestra afectuosa oración para que el Señor te lleve cuanto antes a gozar de la dicha eterna a la que todos los creyentes aspiramos. Y ten por favor la generosidad de perdonarnos por las veces en que cometimos el error de atacar más a tu persona que tus ideas. Quiera Dios que tu sangre ayude a abonar el terreno para una auténtica reconciliación entre los chilenos.