L'Osservatore Romano y nosotros
Desplegamos ímprobos esfuerzos por conciliar la crítica, la opinión libre y la denuncia, con el respeto y la caridad que se merecen quienes son hermanos nuestros en la fe
AGRADECEMOS A QUIENES nos piden que cuidemos el tono de nuestros artículos y comentarios. Les aseguramos que hacemos grandes esfuerzos por conciliar la crítica, la opinión libre y la denuncia, con el respeto y la caridad que se merecen todos los seres humanos y, con mayor razón, los que son hermanos nuestros en la fe.
Reconocemos que a menudo no sabemos hacerlo. La explicación reside sin duda, en medida importante, en nuestro orgullo, en la lamentable tendencia que nos induce (a casi todos) a descalificar, a imponer nuestros puntos de vista y prejuicios, antes que a buscar humildemente la verdad. Pero también este problema obedece a la escasa experiencia que, por desgracia, tenemos los laicos en la práctica de opinar con libertad dentro de la Iglesia, de decir lo que pensamos, pero sin agredir.
Durante siglos hemos sido tratados como niños chicos o retardados mentales. Ahora, cuando queremos crecer, no porque la Jerarquía lo incentive, sino como una necesidad imprescindible de nosotros mismos, incurrimos a menudo en los desatinos y torpezas propios de la adolescencia. Por desgracia, no se llega a la madurez de un día para otro; y algunos de nuestros críticos carecen de autoridad moral porque se empeñan en mantenernos en la infancia o el subdesarrollo mental, en lugar de ayudarnos a crecer.
Un último factor, nada despreciable, que contribuye a que a menudo nuestra voz suene más áspera de lo que nosotros mismos quisiéramos, es el represivo ambiente que se va imponiendo al interior de la comunidad católica.
No somos los únicos que cometemos el pecado de ser incapaces de criticar sin herir ni ofender. Semanas atrás, ante la derrota electoral que sufrió en Italia la Democracia Cristiana, el órgano oficial del Vaticano, L'Osservatore Romano, en una editorial que comentaristas de prensa calificaron "de una dureza sin precedentes", advirtió: "El gobierno de los patricios del ancien regime de Italia se derrumbó, a consecuencia de la esclerosis que obstruyó el cambio y la renovación necesaria".
La referencia a la Democracia Cristiana, partido al que, en flagrante violación de las normas de prescindencia política que la Iglesia proclama, el Vaticano ha brindado siempre indisimulado apoyo, resultó evidente. "Los italianos dijeron que ya estaban hartos de los rituales de una corte de ancianos que trabaja a puertas cerradas, sin escuchar los gritos del pueblo, que presiona contra las puertas del palacio", afirmó el diario.
Es de imaginarse la que se armaría si un boletín laical católico, como el nuestro, dijera otro tanto acerca de los jerarcas del Vaticano. Dios nos libre de incurrir en desacato semejante.
Conclusión: criticar con respeto y amor es muy difícil. Si no, que lo diga L'Osservatore Romano. Por nuestra parte, seguiremos tratando. Con vuestra oración, aporte material y opiniones y artículos, que ayuden a atemperar nuestras opiniones o a proporcionar otros puntos de vista, tal vez logremos avanzar en este arduo camino de leal servicio a la Iglesia.