El placer sexual como vía de acceso a Dios
Controvertido ensayo de antropóloga católica conmociona los círculos teológicos europeos
¿ES VERDADERAMENTE CRISTIANO el desprecio por el cuerpo y el sexo, tal como se predica en el catolicismo desde hace siglos? ¿Es el sacrificio o más bien el placer la característica clave del dogma cristiano de la Resurrección?
Preguntas que se formula el semanario español El País. Se basa por una parte en la afirmación de que la ortodoxia cristiana ha negado durante siglos el papel de lo carnal en el desarrollo del ser humano. Y, de la otra, en el interés y la controversia desatados en los medios intelectuales europeos por una antropóloga y teóloga italiana.
Se trata de María Caterina Jacobelli, casada y madre de familia de 62 años, quien ha escarbado con una mirada independiente en la historia del cristianismo y ha llegado a algunas conclusiones insospechadas. Ha descubierto que durante casi 12 siglos en templos y catedrales cristianas los sacerdotes celebraron la Pascua de Resurrección con ritos eróticos y hasta obscenos. Una práctica que se completa en cierta medida con las decoraciones de algunos templos en las que existen pinturas y esculturas que exaltan el pene y la vagina y representan escenas que hasta podrían ser calificadas de pornográficas.
DIEZ AÑOS DE INVESTIGACIÓN
Jacobelli, miembro de la Asociación de Teólogos Italianos (ATI) y de Teólogos Moralistas (ATISMI), ha provocado conmoción con su obra El "risus paschalis" y el fundamento del placer sexual, publicado por la editorial católica conservadora La Queriniana.
La teóloga manifiesta su indignación con cierta prensa que insiste en presentar su trabajo como "picante y erótico". "Se trata de un trabajo que me ha costado 10 años de investigación científica y que forma parte de una reflexión en la que he utilizado a fondo mis estudios antropológicos y teológicos".
Jacobelli admite que su tesis puede ser discutida y provocar "sorpresa y escándalo" en ciertos ambientes conservadores y "maniqueos", pero no acepta que se la considere un "desahogo sensacionalista". De hecho, en la presentación del libro, Alfonso María di Nola, uno de los mayores especialistas mundiales en historia de las religiones, elogia la rigurosidad científica de la italiana.
"Mi trabajo", explica Jacobelli, surge de dos estímulos que podrían parecer contradictorios. El primero fue la lectura casual, hace ahora 10 años, de un libro de V. Propp, Edipo a la luz del pudor. Cuatro estudios de etnografía histórico-estructural. "En pocas páginas, densas, rigurosamente argumentadas", recuerda la teóloga, "se daba cuenta de un hecho curioso y desconcertante acaecido en Alemania hasta el siglo XIV: durante la misa de Pascua, el predicador hacía y decía cosas obscenas desde el altar, llegando a enseñar los genitales, con el objeto de alegrar a los fieles y provocar las denominadas risus paschalis, es decir, risas pascuales".
Tras el descubrimiento, la teóloga empezó a reflexionar también acerca de esa mentalidad "tan arraigada entre los católicos" de que "el placer es algo malo, que degrada al individuo, y que, por tanto, es mejor el sacrificio; que al cuerpo es preferible ofrecerle palos que placer". Se trataba, explica, de "la clásica demonización del placer, sobre todo el sexual, y de la exaltación de la mística del sacrificio que nos han inculcado desde niños". Se preguntó entonces: ¿No sería posible, así como la Iglesia ha creado una "teología de la cruz", elaborar "una teología del placer sexual"? Es lo que lleva a la autora a una afirmación, con la que termina el libro, que a muchos les resultará escandalosa: "Si los cristianos fueran coherentes con su fe en la Resurrección quitarían todos los crucifijos de las paredes de sus casas y los sustituirían por la imagen del Resucitado".
La teóloga italiana recorrió las bibliotecas europeas buscando material sobre el curioso tema de las risas pascuales. Hasta que Jacobelli empezó a estudiar teológicamente el problema, estos ritos, para muchos aún desconocidos porque la Iglesia ha preferido cubrirlos con un tupido velo, habían sido considerados meros residuos de paganismo. Pero la especialista desechó esta explicación al comprobar que la práctica había persistido por más de un milenio. Ello la movió a formular la hipótesis de que bajo la apariencia de meras tradiciones culturales que revelaban la fragilidad humana, este tipo de rituales escondían un "fundamento teológico". Se preguntó si aquel risus paschalis no podía ser "signo de una teología del placer y, por tanto, también del sexual, que es una de las formas supremas del placer".
PLACER, MÁS QUE GOZO
Este fue el punto de partida para su investigación teológica. Buscó en la Biblia, en los padres de la Iglesia, en la mitología y en las religiones orientales. Apunta al pasar que es interesante advertir cómo la Iglesia oficial prefiere siempre hablar de "gozo", "felicidad", "alegría", antes que de "placer".
La primera pregunta que se hizo la Jacobelli tras el descubrimiento de las risus paschalis fue si aquello no podía ser considerado una demostración de que el pueblo, "con el sentido innato de la fe", se rebelaba contra la doctrina de la Jerarquía. Según la investigación, las risus paschalis fueron un fenómeno con "profundas raíces", defendido por teólogos de la altura de Wolfgang Capito y hasta por algunos obispos. La gente apreciaba mucho aquel modo de actuar "obsceno" de los curas de entonces para hacerles reír.
Según Jacobelli, la expresión de la "risa" unida a la de "placer sexual" se puede encontrar en no pocos pasajes de la Biblia, donde se habla mucho de placer. Señala que es muy significativo que tanto el inicio de la historia de la humanidad como de la historia de la salvación tengan lugar bajo el signo del placer. En el alba de la vida, Adán grita de placer ante Eva: 'Tú eres carne de mi carne'. Y Sara, que expresa su duda de poder tener un hijo siendo ya anciana, pone el acento en el placer: '¿Justo ahora que soy vieja voy a probar placer?'. Y añade que Isaac significa 'hijo de la risa y del placer'.
Sobre esta base la investigadora, que se doctoró en Teología en la severa y conservadora Universidad de Letrán, llega a afirmar que aquellas desconcertantes risus paschalis, bajo su "desnudez ideográfica", podrían esconder "un proyecto de teología del placer" que es necesario decodificar. ¿No será el placer sexual la expresión más adecuada para captar en profundidad la alegría de la Resurrección? Aventura luego la hipótesis de que el placer del abrazo sexual, el éxtasis de la unión genital entre el hombre y la mujer, podría resultar "teológicamente" el mejor instrumento de que dispone el ser humano, "misterio de encarnación", para penetrar el misterio mismo de Dios.
Nadie, dice la teóloga, tiene miedo de hablar teológicamente de "alegría, gozo, felicidad, porque se los considera 'placeres fundamentales, espirituales', y nadie se escandaliza de que puedan ser 'expresión de la divinidad', pero pocos están dispuestos a aceptar que también, y probablemente más aún, el placer sexual sea el lenguaje más expresivo para explicar el misterio de la liberación de la esclavitud del hombre por Dios.
PLACER Y DIVINIDAD
Se pregunta luego si de verdad no existe "una chispa de divinidad" experimentada en la tierra en el placer completo de la sexualidad. Cita a Santo Tomás cuando afirma que "el placer es más intenso en la medida en que es más pura la naturaleza y más sensible el cuerpo". Y concluye que probablemente la diferencia entre la felicidad de la gloria inmortal y el "placer sexual" vivido en el éxtasis supremo del orgasmo sea que "aquí" es sólo "temporal" y que "allá" será sin medida y con una naturaleza más pura y un cuerpo resucitado incluso más sensible y, por tanto, aún más intenso. Pero la sustancia del "placer" sería la misma, es decir "sexual".
Según la teóloga, ya en el Concilio II de Constantinopla, en el que se usó por vez primera el término "persona" en la definición trinitaria, quedó también señalado indirectamente "de qué forma puede el hombre ser la imagen de Dios en su fisicidad sexuada", ya que "Dios mismo es pura relación, es trino, es amor ofrecido-recibido-participado". Y añade que "ningún acto humano involucra tan intensa y completamente a la persona como el acto sexual, y cuando dos amantes se separan llevan en sí la fuerza creadora que ha brotado de aquel encuentro".
Subraya la investigadora la distancia abismal que existe entre este enfoque bíblico y trinitario del amor sexual "y la miserable definición del matrimonio como remedio de la concupiscencia que postuló por siglos la Iglesia". Puntualiza que tampoco se puede decir que el "niño" constituya el fruto del amor y del placer sexual, porque la concepción de un nuevo ser "es independiente de la voluntad de los amantes" y porque constreñiría la enorme dimensión creativa del amor a los estrechos límites de un hecho biológico.
Concluye que el problema de fondo consiste en si es posible que el hombre, en su realidad concreta total y, por tanto, en su sexualidad, en su deseo, en su placer, sea imagen de un Dios trascendente. "Si esto fuere cierto, habríamos encontrado el porqué de la presencia del placer sexual en la esfera de lo sagrado".
REPERCUSIONES
Las repercusiones del libro de Caterina Jacobelli en España son todavía escasas. No obstante, los teólogos más reputados conocen las ideas fundamentales de Risas pascuales... y se muestran interesados en examinar su desafiante contenido.
Para Juan José Tamayo, secretario de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, es un tanto aventurada la idea matriz del libro de que el placer sexual nos acerca a la divinidad. "El placer carnal es algo puramente humano, algo que no acerca ni aleja de Dios", dice. Tamayo comparte, eso sí, la afirmación de la teóloga italiana en el sentido de que el enfoque antropológico bíblico del ser humano es unitario, a diferencia del postulado por otras culturas, en concreto la griega, que es dualista. El concepto de que el hombre está hecho a imagen de Dios se encuentra claramente explicitado en la Biblia; y no sólo en lo que se refiere al aspecto espiritual, sino también en el carnal, corpóreo.
Tamayo admite que es necesario desacralizar el sexo. Pero advierte que quienes se resisten a que la Iglesia Católica dé pautas específicas de comportamiento sexual a los cristianos, deberían también, para ser coherentes, resistirse a la trascendentalización del placer carnal. "Si alguna misión reguladora cabe a la Iglesia en este aspecto" añade este teólogo, "es la de ayudar al ser humano a vivir esa corporeidad, ese placer sexual de la manera más liberadora y gozosa posible".
INSEPARABLE DEL AMOR
Por su parte, el presidente de la misma asociación, José María Díez Alegría, reconoce con Jacobelli: "Hay una especie de tradición en el pensamiento católico de que el placer sexual es algo malo. Y que se puede admitir sólo cuando es indispensable para otras cosas, como la procreación. Aquí hay algo falso. Se trata de un placer que ha hecho Dios. Lo que pasa es que el placer que está en el designio del Creador es inseparable de un elemento de amor, de comunicación amistosa, y de encuentro con la otra persona, con el compañero, de tal manera que ese placer sin ese elemento antropológico no respondería a la idea del Creador".
El fruto de esa extrema comunicación con el otro puede ser, según este teólogo de 79 años que se ha mantenido fiel al celibato, el éxtasis, es decir, la apertura al misterio. "Sólo bajo ese prisma puede admitirse la hipótesis de la Jacobelli. Amor con comunicación; placer sexual como manifestación suprema de amor al prójimo".