Camino al andar
Junio de 1992

Establezcamos el diálogo en lugar de rehuirlo

Para que la Iglesia Católica se haga creíble al mundo, es necesario que cambie en su manera de actuar, de hablar y de vivir,

¿QUÉ SERÁ DE una cosa que alguna vez se llamó Comisión Nacional de Laicos? Nosotros le enviamos este boletín a la persona que en la Guía Eclesiástica aparece como responsable de esa instancia, pero en los últimos años no hemos conseguido que ni siquiera acuse recibo. Y aunque no compartiere en absoluto la línea de este boletín, lo menos que cabría esperar de ese personero sería que se diera por enterado: al fin y al cabo, ésta es la primera iniciativa laical orientada a la formación de opinión pública en el seno de la comunidad de creyentes.

Lo más probable es que éste y otros organismos semejantes a nivel de Conferencia Episcopal y de obispados sean hoy en día el puro nombre. Total, muy pocos de nuestros obispos toman en serio eso de que los laicos están llamados a participar en la vida de la Iglesia.

Nuestras iglesias están sometidas a un control especialmente férreo, tal vez porque el Vaticano considera que debe aplicar mano más dura con estos aborígenes del Tercer Mundo y porque nosotros mismos se lo permitimos con toda mansedumbre. En cambio, al interior de la Iglesia Católica de Estados Unidos y de países de Europa Occidental es posible apreciar un clima de mucho mayor resistencia a las pretensiones autoritarias de Roma. Esa actitud está vinculada a la existencia de organismos que de alguna manera recogen el auténtico sentir del laicado.

Es que quienes somos fieles comunes y corrientes, esto es carecemos de ambiciones para ascender en la jerarquía eclesial y no estamos obligados a someternos a la disciplina a que están sujetos los clérigos, nos hallamos en condición privilegiada para plantear y exponer cosas que otros miembros de la Iglesia no pueden o no se atreven a decir.

Esa es la causa de fondo por la que la Jerarquía aparece tan poco interesada en promover instancias de participación en la que los laicos puedan expresarse y organizarse para presionar en favor de sus derechos y puntos de vista.

En medio de este panorama bastante desolador, hay, sin embargo, signos de esperanza que conviene conocer y difundir.

UNA IGLESIA DESADAPTADA

En Alemania, por ejemplo, existen estructuras de participación que tienen en la cúspide un Comité Central de Católicos, el cual posee el rango de organismo oficial de la Iglesia.

Dicho comité ha enviado en los últimos meses a todas las diócesis, parroquias, movimientos apostólicos y capellanías católicas de Alemania un interesante documento de trabajo cuyo título es ya bastante decidor de la realidad que se vive al interior de la Iglesia: "Establezcamos el diálogo, en lugar de rehuirlo".

Más de 300 mil ejemplares del informe fueron distribuidos para su estudio y para recoger luego las reacciones y respuestas de la base. El documento fue elaborado por la VIII Comisión del Comité Central, compuesta por 35 miembros: laicos (hombres y mujeres) y clérigos, a partes iguales. Entre ellos se encuentran un obispo y un vicario general.

El contenido de "Establezcamos el diálogo, en lugar de rehuirlo" fue aprobado por unanimidad en la comisión y por abrumadora mayoría en el Comité Central, sin que, por otra parte, los obispos hayan puesto ninguna dificultad en la difusión del mismo, ni tampoco hayan emitido crítica alguna respecto de su contenido. (¿Resulta demasiado utópico pensar en algo semejante para la Iglesia en Chile?)

El documento analiza con notable rigurosidad y sin tapujos las razones del profundo malestar imperante en el seno de la Iglesia católica alemana. Detecta también las tensiones existentes entre Roma y las iglesias locales, como asimismo entre clérigos y laicos, y entre las autoridades eclesiásticas y las mujeres. No escamotea la realidad, sino que la asume con coraje.

Todas las tensiones y fallas las atribuye, en gran parte, a la inadaptación de las estructuras, instituciones, discurso, lenguaje y formas de expresión de la Iglesia al mundo de hoy. Se destaca que frente a la madurez adulta de los miembros de las sociedades civiles occidentales, en la Iglesia da la impresión de que los laicos son tratados como menores de edad e irresponsables.

Señala el informe que solamente en el antiguo territorio de la RFA unos 100 mil fieles desertan cada año de la Iglesia Católica. Advierte que que el silencio ante esta situación sería sencillamente una "grave complicidad culpable". (Si hiciéramos semejante ejercicio en Chile, ¿no llegaríamos a caso a la misma conclusión?)

Sostiene que para que la Iglesia Católica se haga de veras creíble al mundo, es necesario que cambie en su manera de actuar, de hablar y de vivir, estableciendo una comunicación dialogante fluida entre el Papa y los obispos, párrocos y feligreses, clérigos y laicos (hombres y mujeres), llegando así a formar una verdadera "comunión", la cual debe implicar siempre diálogo, corresponsabilidad y colaboración.

Agrega que los laicos, reconocidos como "adultos" en el Vaticano II, quieren y deben dar su opinión en todo lo que hace referencia a la vida de la Iglesia, incluyendo aquí naturalmente a las mujeres y a las comunidades de base.

EL VATICANO II AL OLVIDO

El documento de trabajo lamenta también que las esperanzadoras aperturas del Vaticano II, como el ecumenismo y “el paso del anatema al diálogo" sean frecuentemente ignoradas por las autoridades romanas. Así, la Iglesia universal pasa a menudo por encima de la local, la Iglesia clerical prevalece sobre la comunitaria; y el gobierno monárquico hace tabla rasa del Pueblo de Dios, confundiendo frecuentemente "unidad" con "uniformidad".

El Comité Central ha considerado que el documento, pese a su tono y fondo francamente críticos, es "constructivo" y "positivo" (no destructivo ni negativo). A manera de conclusión señala que es imprescindible el establecimiento de un verdadero diálogo al interior de la Iglesia, entre ella y el mundo, tan alejado, y también entre todos los hombres de buena voluntad.

Para terminar, acude el documento a lo que se llama "el ícono de la Trinidad", tan caro a las iglesias orientales, que debe constituir el verdadero modelo, sintetizado en esa Trinidad de personas que están en diálogo permanente y en plena participación mutua.

El documento ha suscitado enorme interés en toda la Iglesia alemana, que lo ha trabajado con la característica seriedad y responsabilidad germanas, apunta un periodista español.

SIGNOS DE ESPERANZA

En Chile no tenemos ni idea de estas cosas porque los fieles vivimos sumidos en un provincianismo conmovedor.

Por eso es que este boletín provoca tantas resistencias y mueve a escándalo a numerosos personeros. Si fueran dóciles a las enseñanzas del Concilio Vaticano II debieran apoyar una iniciativa de este tipo.

El rechazo de este intento por crear opinión pública al interior de la comunidad de creyentes proviene, es cierto, de numerosas personas de buena voluntad que no alcanzan, por falta de información, a percibir la magnitud de la crisis a que se ha precipitado nuestra Iglesia. Pero hay también muchos que nos condenan por motivos pequeños, porque prefieren aferrarse a seguridades y privilegios, en lugar de abrirse a la comprensión de que es urgente un cambio de timón en la barca de Pedro.

Cuando se toma conocimiento de lo que está sucediendo en numerosas iglesias locales en diferentes partes del mundo, queda en evidencia que este boletín no responde a la iniciativa caprichosa de un periodista francotirador o que se mueve en función de oscuros apetitos o intereses inconfesables.

Este boletín es, ni más ni menos, que manifestación de la angustia e inquietud que experimentan muchos laicos en diversas partes del mundo, fieles que no obstante sus limitaciones y pecado sienten que tienen, por amor a la Iglesia, que jugárselas para preparar un cambio que se hace cada vez más urgente.

Cada uno de nuestros lectores tiene que sentirse interpelado. Ya no es posible alegar ignorancia o desconocimiento de lo que sucede en la Iglesia.

Nosotros estamos asumiendo nuestra responsabilidad, no obstante la pequeñez de nuestras fuerzas. En lugar de irnos sin hacer mayores problemas, hemos optado por quedarnos y por hacer todo lo posible por contribuir a modificar el actual estado de cosas. ¿Y usted?