Camino al andar
Septiembre de 1990

El Cardenal junto al féretro de Salvador Allende

Al aceptar la solicitud de la viuda en orden a celebrar un solemne responso en memoria del Presidente mártir, el Cardenal Oviedo ha confirmado que la Iglesia es madre de todos

DIFICIL TIENE QUE haber sido para el Arzobispo Carlos Oviedo resolver acerca de la solicitud de la viuda de Salvador Allende de oficiar un solemne responso público en la Catedral ante los despojos del controvertido ex Presidente de la República, al cabo de 17 años justos de su trágica muerte.

Aunque bautizado por su piadosa madre, Allende fue un connotado marxista y masón durante toda su vida pública, buena parte de la cual transcurrió en décadas de abierta intolerancia mutua entre esas corrientes políticas y filosóficas y la Iglesia Católica. Por otra parte, está claro que el ex Mandatario se suicidó; y hasta no hace mucho, la Iglesia mostraba un cruel repudio hacia quienes llegaban a tal extremo.

Ninguna de tales circunstancias podía justificar el rechazo de la solicitud de la ex Primera Dama. Por otro lado, durante su presidencia Allende tuvo para con la Iglesia una actitud que excedió con creces la de la mera cortesía, como lo ha señalado el Cardenal Raúl Silva y se encargó de ratificarlo Oviedo. Pero la aceptación del Arzobispo amenazaba con desatar las iras de tantos católicos practicantes, como les gusta denominarse, para quienes aquello del perdón y el amor al enemigo es una enseñanza un tanto desubicada que entregó Jesús.

A DIFERENTE RITMO

El grueso de la Jerarquía Católica ha experimentado una notable evolución en el transcurso de las últimas décadas. Otro tanto se observa en el conglomerado relativamente pequeño de los laicos comprometidos, vale decir aquellos cuyas vidas están estrechamente asociadas a las de la Iglesia, aunque a menudo discrepen de su Jerarquía. Por desgracia, la renovación de la mente y de corazón de los creyentes por tradición o rutina que conforman la inmensa mayoría de la iglesia ha sido bastante más lenta en cuestiones tan cruciales como el respeto a los que piensan distinto, la exigencia del perdón, la valoración de la tolerancia y el pluralismo, etc.

Esa masa amorfa es manipulada hábilmente por grupos de católicos refractarios al cambio y que disponen de gran poder económico y fuerte influencia en la sociedad chilena. Incentivan ellos un vigoroso fariseísmo y una visión maniquea del mundo, marcado por una aversión a la democracia y una tendencia a imponer por la fuerza los supuestos valores de lo que llaman la sociedad occidental cristiana. Reconozcámoslo con humildad y franqueza. Al interior de nuestra Iglesia, entendiendo por tal el universo de los católicos "practicantes", hay un porcentaje mucho mayor de individuos de mentalidad autoritaria, racista e intolerante, que en la sociedad chilena en su conjunto.

LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU

Bien sabemos que en otros países que vivieron experiencias autoritarias --ahí está el caso argentino--, los obispos en general optaron por posturas complacientes y cómplices respecto de quienes detentaban el poder. Esos malos pastores sucumbieron no sólo a sus bajas pasiones, sino que sacralizaron las de la mayoría de sus ovejas, partidarias del orden a cualquier costa y del aplastamiento inmisericorde de quienes se les aparecen como enemigos. En otras palabras, esos obispos se dejaron llevar por la manera de pensar del mundo, en lugar de asumir los criterios del Dios de los cristianos.

Sólo la evidente asistencia del Espíritu explica que durante la dictadura de Pinochet, los obispos chilenos, en general, sin perjuicio de algunas penosas excepciones, hayan rechazado la terrible tentación de instalarse a la sombra del poder y aceptar ser instrumentalizados, a cambio de privilegios y seguridades que nada tienen que ver con el Evangelio. Por esa conducta, los obispos en general fueron objeto de constante hostilización por parte del régimen y de los medios de comunicación, que controlaba casi sin contrapeso. Mucho más duro fue el trato que recibieron decenas de sacerdotes y cientos de laicos comprometidos. Cabe aventurar, empero, que un importante segmento de católicos practicantes se situó más cerca del régimen de Pinochet que de los obispos, lo que torna más meritoria la conducta de estos últimos.

La transición a la democracia no opera milagros, por lo que es plausible que entre los católicos practicantes sigan teniendo gran peso los de mentalidad farisaica y autoritaria. Ellos no dejaron de manifestarse en esta ocasión, a través de las organizaciones de fachada que montan para irrumpir con costosas inserciones en El Mercurio. Así, una entelequia que se denomina Poder Femenino, formada por connotadas damas católicas, señaló:

"Violenta la conciencia observar cómo la Iglesia se ha adherido a este homenaje, celebrando no sólo un responso, sino que prestando toda su solemnidad con su más alta autoridad en Santiago y debiendo recurrir a una recordada religiosidad de los ancestros para suavizar el tratamiento que le otorgó a quien decidió sobre su existencia y que hizo pública en su vida su falta de profesión de fe."

Fiducia aportó también lo suyo. Algunos miran con desprecio a esta organización, ignorando el poder económico de que dispone y su estrecha vinculación con órdenes religiosas a las que Juan Pablo II les ha conferido notable autonomía.

El responso en la Catedral produce desconcierto en gran número de católicos... Desconcierto que pide, implora, de las autoridades eclesiásticas una explicación que no deje dudas. Sin embargo, hasta ahora esa palabra urgente, urgentísima, no se hizo oír. Apenas se entreoyen de aquí o allá balbuceos apocados y sin significación. La Santa Iglesia es, por su esencia y misión, un sobrenatural y solar foco de luz y de verdad. Pero sobre la materia en cuestión los fieles sólo tuvieron hasta el momento elementos de confusión.

PASTOR DE TODOS

La voz del Arzobispo Oviedo disipó, en una homilía de hermoso contenido formal y de vigoroso contenido ético pronunciada junto al féretro de Allende, las pequeñeces de tantos católicos practicantes, que se asemejan tanto al hermano mayor de la parábola del hijo pródigo. Las palabras del pastor de Santiago fueron difundidas íntegras por el Canal 7; pero el Canal 13, el mismo que se apresuró a transmitir en dos ocasiones los ataques de un Ministro del Trabajo en contra de movimiento sindical, se limitó a resumirlas apretadamente en sus noticiarios. Los ejecutivos de la estación "católica" fueron incapaces o no quisieron entender que el responso del Arzobispo era una pieza maestra para promover la reconciliación en Chile.

Oviedo no sólo fue fiel a la tradición de presentar a Dios Padre a los ex presidentes fallecidos. Con su responso demostró de manera emocionante que la Iglesia es madre de todos, y que si bien tiene que proclamar con fuerza la persona y la palabra de Jesús y advertir sobre errores y pecados, nunca, y menos en la hora del dolor y de la muerte, puede abandonar a sus hijos y a los hombres de buena voluntad. A ella no le compete juzgar en la hora decisiva porque ése es derecho exclusivo de Dios, que es antes que nada Padre misericordioso.

Con sus palabras y actitud el Arzobispo de Santiago evangelizó en vivo y en directo a cientos de hombres y mujeres que no se consideran hijos de la Iglesia y cuyas vidas transcurren muy lejos de ella. El testimonio de Oviedo tiene que haber tocado hondo el corazón de muchos que militan en partidos de Izquierda y que se declaran ateos o indiferentes, pero que por lo general lo son más porG pereza mental que por una decisión consciente.

Cuando asumió el arzobispado de Santiago, Oviedo dijo que trataría de ser pastor de todos. Con su presencia y sus palabras junto al féretro de Allende lo confirmó fuera de toda duda, dejando establecido de que para ser fiel a ese compromiso está dispuesto a afrontar las iras y los ataques de muchos de quienes se consideran católicos "practicantes".