Fútbol, ¿opio del pueblo?
Resulta increíble el arraigo y la importancia que alcanza en Chile esta actividad, convertida en un floreciente negocio
HACE ALGUNOS MESES una importante revista, que se anuncia como el semanario de mayor circulación en Chile, publicó una explosiva crónica sobre los “fans clubs” de cantantes e ídolos juveniles, en la cual se mostró la histeria colectiva que se apodera de miles de muchachas y jóvenes cuando desean identificarse con el favorito de turno. La crónica dejó al descubierto toda la maquinaria montada por publicistas, disjockeys, sellos grabadores, periodistas, etc., para aprovechar y estimular la idiotización de la juventud.
Durante algunos meses, en ediciones sucesivas, el semanario estuvo publicando cartas de lectores que reaccionaban entusiastamente a favor o virulentamente en contra de lo expuesto en la crónica sobre los fans clubs.
La polémica alcanzó dimensiones generacionales. Los adultos. casi sin excepción, apoyaron a la periodista autora de la crónica, mientras que la mayoría de los jóvenes que enviaron cartas al semanario intentaron justificar la conducta de los de su edad.
Sin embargo, los jóvenes de los fans clubs no supieron golpear el punto débil de la gran mayoría de los adultos. Si bien es cierto que miles de muchachos y niñas viven en función del ídolo del momento son capaces de hacer cualquier cosa por demostrarle su adhesión, no es menos cierto que un alto porcentaje de hombres ya maduros están también idiotizados en forma similar. Son esclavos del fútbol y viven por eso pendientes del “peloteo” y del estado de las extremidades inferiores de unos cuantos jugadores.
LA HISTERIA DEL FÚTBOL ES BUEN NEGOCIO
Los diarios y revistas ocupan las páginas principales de sus ediciones para informar con lujo de detalles sobre la Selección o el Colo-Colo. Que Chile gane a un equipo de barrio de Alemania Oriental tiene mucha más importancia que la iniciación de la tercera guerra mundial, según parece desprenderse del espacio que se le asigna en los diarios a estas informaciones.
Las emisoras destinan horas y horas completas a radiodifundir los histéricos chillidos y los “idiotismos” (véase el diccionario) de los relatores deportivos, los disjockeys del fútbol. Estos individuos tienen montadas verdaderas organizaciones que, a no dudarlo, les dejas pingües utilidades. Si es necesario transmitir desde Antofagasta, Temuco, Buenos Aires, Berlín o Londres… bueno, se suspenden todos los demás programas, aunque sea durante la semana, y se efectúa la transmisión del match. ¿La cuenta del teléfono? Bueno, ésta llega a cifras siderales, porque hay que imaginarse lo que cuesta ocupar durante dos horas la línea telefónica para hablar desde cualquier lugar distante. Pero no importa, el fútbol es lo importante. Al pueblo le gusta el asunto este del “peloteo”; hay que darle entonces este circo, el que, por lo demás, sirve para llenar los bolsillos de algunos.
UN PAÍS “PELOTIZADO”
Cuando juega la Selección, el Colo o cualquier otro club de arrastre, buena parte de la actividad nacional se paraliza. La Cámara de diputados y el Senado suspenden sus sesiones aunque tengan en tabla asuntos de verdadera importancia para el país. Es que los parlamentarios también están idiotizados y sienten la necesidad de concurrir al estadio para ver correr a 22 individuos detrás de una pelota.
No importa que los partidos se jueguen en días y horas de trabajo. Miles de personas simplemente faltan a sus obligaciones, mientras que aquellos que se mantienen en sus puestos no hacen nada porque están muy ocupados en escuchar los alaridos del relator que transmite por la radio.
La situación económica de los trabajadores es insostenible y por doquier surgen las protestas y las exigencias de mejores remuneraciones. Pero no importa sacrificar la leche o los zapatos de los niños con tal de poder concurrir al estadio. Así, los coliseos deportivos, como dicen los siúticos, están siempre llenos, como llenos están también los bolsillos de quienes controlan el negociado.
EL OPIO IDIOTIZA AL PUEBLO
Hace algún tiempo un famoso club santiaguino estuvo en la bancarrota debido, según se dijo, a la deshonestidad de sus dirigentes. Entonces, a través de diferentes medios informativos se iniciaron campañas de recolección de fondos para salvar a la institución que pretende confundirse con nuestra nacionalidad. Miles de personas, muchas de ellas de modesta condición, cooperaron generosamente en este esfuerzo.
Sin embargo, pocos meses antes los dirigentes políticos y sindicales habían rechazado un proyecto del Gobierno que imponía ahorrar a los obreros dos cajetillas de cigarros al mes para formar un fondo de capitalización nacional. Había plata para tapar el hoyo dejado por las nuevas maniobras de unos dirigentes futboleros, pero no había dinero para desarrollar el país. ¿Contrasentidos, cosas increíbles…? En la historia del fútbol ocurren muchas cosas así.
El año pasado, cuando la zona central del país soportaba los efectos de la peor sequía de nuestra historia, las autoridades impusieron un estricto racionamiento de energía eléctrica y solicitaron la cooperación de todos los cuidados. Siim embargo, se continuaron realizando por bastante tiempo partidos de fútbol en las noches, con un gigantesco derroche de energía eléctrica. Así, mientras las poblaciones marginales estaban a oscuras, el césped del Estadio Nacional brillaba bajo los potentes focos de las torres luminosas. Muy grave podía ser la sequía, pero el fútbol no podía ser molestado.
Algunos han dicho cínicamente que, teniendo el fútbol, el pueblo está contento y se olvida de todo lo demás. En verdad, cuando se ven las colas de hombres mal alimentados y vestidos que, en horas de trabajo, aguardan pacientemente para comprar una entradita para el estadio, no se puede menos que pensar que hoy en día el fútbol es el opio del pueblo.
PELOTA EN VEZ DE CABEZA
Después de describir la histeria a través de algunas de sus manifestaciones, es fácil comprender que en Chile el futbolista es un ser privilegiado. A decir verdad, resulta estúpido llegar a la Universidad, quemarse las pestañas y obtener un título… o buscar un trabajo modesto, pero limpio, para ganarse la vida desde muy joven. No, esas son pamplinas. Cualquier de estas alternativas implica años de esfuerzo, disciplina, dedicación. En cambio, un analfabeto por el sólo hecho de patear bien una pelota puede ganar 3 o 4 veces más que un médico, un abogado, profesor, arquitecto, asistente social, enfermero, etc. Y puede exigir, además de su sueldo, primas, premios, casa y automóviles.
Es cierto que los que viven del negociado también tocan su buena tajada. Fernando Riera, que parece creerse el chileno más brillante de todos los tiempos, se mandó a cambiar ofendido cuando alguien se atrevió a decir que era increíble que ganara 12 millones de pesos al mes.
El futbolista no sólo está bien pagado. Es también un hombre que provoca admiración. Aparece en los diarios y las radios se lo pelean después de cada partido (nunca se ha podido establecer para qué, porque los jugadores dicen siempre exactamente las mismas cosas). Todo Chile está atento para saber cómo se siente y si su extremidad izquierda se encuentra o no en buen estado. Los niños lo miran como un héroe y en la calle todos se dan vuelta para mirarlo. ¿Qué más se puede pedir?
Mientras tanto, científicos, investigadores, profesionales, artistas, músicos y escritores chilenos trabajan en medio de una pobreza y estrechez de medios impresionantes, ignorados por sus conciudadanos. El equipo médico del Dr Kaplan, por ejemplo, no tenía recursos económicos para concurrir hace algunos meses a una reunión de especialistas en Sudáfrica. Sin embargo, la selección chilena de fútbol y su nutrida comitiva viajan por todas partes y se alojan en los mejores hoteles. ¿No es verdad que parece que tenemos una pelota en vez de cabeza?
SI AL DEPORTE, NO AL NEGOCIADO
El deporte es necesario para el buen desarrollo físico de la juventud. Y el fútbol es un deporte, no el principal ni el mejor, pero deporte al fin. Mas de alguien verá en esta crónica un ataque al deporte en sí. No hay tal. Lo que se crítica es la explotación comercial del fútbol, que conduce a negociados que pocos conocen.
Es extraño. Vivimos en una época en que la mayoría de los chilenos quiere que el Estado controles las actividades básicas del país. Se dice que no es posible que sea un grupito de privilegiados el que aproveche los beneficios de estas actividades. Por eso, el Estado controla o quiere tomar a su cargo la energía eléctrica, las comunicaciones, el petróleo, la petroquímica, la salud, la educación, los transportes, la computación, la seguridad social, el acero, la construcción, el fierro, el cobre, etc.
Sin embargo, pocos se han atrevido a decir que dentro de esta política de socialización debería caer también el negociado del peloteo. Sería indudablemente conveniente que el Estado “metiera mano” en todo este oscuro asunto para que las ganancias que produce toda la historia futbolística quedara en poder del país entero y pudiera emplearse en forma racional, y no pasara como ahora a engrosar los bolsillos de los privilegiados de hoy.
Tal vez esto sería más útil para el deporte, para el verdadero deporte. Y a propósito, ¿se puede decir que hacen deporte los miles de espectadores que van a sentarse para ver cómo 22 individuos hacen ejercicio físico persiguiendo una pelota?
Muchos de estos espectadores critican a los jóvenes de chillan, gesticulan y se desmayan cuando ven actuar al ídolo de turno. Sería conveniente que ellos mismos vieran como se agitan, se comen las uñas, vociferan, insultan y hasta se agarran a puñetes cuando ven allá sobre el verde césped, las proezas de los peloteros y la actuación del árbitro saquero.