Camino al andar
Junio de 1969

Sexo y matrimonio

El noviazgo, la noche de bodas y el periodo de adaptación

¿ES CIERTO ESO de que todos los problemas de una pareja se arreglan en la cama?

Pareciera que sí, a juzgar por lo que se lee y escucha y ve en diarios, revistas y películas. Da la impresión de que cuando un matrimonio obtiene máximo placer en sus relaciones sexuales tiene su estabilidad y felicidad aseguradas.

Al revés, es frecuente atribuir los fracasos matrimoniales a la incompatibilidad sexual. “Fulano y Zutana se separaron porque ella era frígida” o “porque él no sabía satisfacerla”. Y así se justifican infidelidades y se explican separaciones.

Convencidos de que entenderse en la cama es la piedra angular del matrimonio, muchos pregonan la necesidad de las relaciones sexuales prematrimoniales. Es necesario afirman, que tanto él como ella comprueben, antes de comprometerse, si están hechos sexualmente el uno para el otro, si son capaces de darse mutuo placer. Así se evitarían fracasos irreparables.

Otros, no tan “avanzados”, son partidarios de que el hombre tenga experiencia sexual previa, “a fin de que sepa lo que debe hacer con su esposa una vez casado”.

LA PIEDRA ANGULAR DEL MATRIMONIO

La piedra angular del matrimonio es el amor, y nada puede sustituirlo. Cuando el nexo de unión de una pareja es la billetera o cuando se sustenta en las cuatro patas de una cama, esa unión está condenada al fracaso.

Aunque el amor no se puede definir, se traduce. Se manifiesta en la mutua comprensión, en la confianza más absoluta, en el respeto, en la búsqueda del bien y la felicidad del otro.

Ahora bien, cuando una pareja se ama de veras, son felices sexualmente. El contacto físico no es más que la expresión del sentimiento que los une.

Esto no quiere decir que no tendrán dificultades sexuales, sobre todo en la primera etapa del matrimonio. Significa que una pareja que se ama de verdad será capaz de superar los problemas que con casi absoluta seguridad se presentarán en su vida sexual.

Es falso, pues, afirmar que un matrimonio fracasa por incompatibilidad en el lecho. Hay que se francos, no andar con santos tapados. Esa unión se derrumba porque él y ella dejaron morir el amor, porque él y ella descuidaron el diálogo, no quisieron acogerse más, o permitieron que la rutina y la indiferencia los fuera transformando en extraños. Todo eso se fue reflejando en sus relaciones sexuales, las que terminaron haciéndose monótonas y desganadas.

EL LARGO CAMINO DEL AJUSTE MUTUO

Probablemente sea culpa de las películas. Una pareja que se ama o se deja arrastrar por la pasión, llega a tener relaciones sexuales. Y por rara coincidencia siempre son exitosas.

Esto hace que muchos matrimonios jóvenes se amarguen, se sientan frustrados y teman ser anormales porque experimentan dificultades que les impiden el pleno goce sexual.

Sin embargo, lo que a ellos les ocurre es lo más normal. Así como en el matrimonio hay un largo periodo de ajuste emocional y psíquico a la nueva situación, en que él y ella se conocen más a fondo y aprenden a convivir, en una experiencia desconocida hasta entonces, también hay una etapa más o menos prolongada de ajuste sexual.

Ella empieza desde mucho antes de la noche de bodas. Durante el pololeo y el noviazgo, é y ella, porque se aman, porque se tienen confianza y comprensión, deben hablar en forma natural y afectuosa de este tema. Si se quieren hasta el punto de estar dispuestos a ofrendarse mutuamente sus vidas, si hacen planes acerca de la casa en que van a vivir y de las cosas que comprarán, ¿por qué van a callar este tema? ¿Por qué van a llegar a la noche de bodas como extraños?

Durante esta etapa es cuando él y ella deben aprender, juntos, algunas características de la sexualidad del hombre y la mujer. Cierto que no es fácil ir descubriendo estas realidades juntos. A muchos jóvenes y niñas les da “plancha”. Temen ser mal interpretados o caer en la vulgaridad. Pero cuando dos seres se aman, nada de esto es sucio ni peligroso. Al contrario, se está enmarcado por la limpidez del sentimiento que los une.

Cuando una pareja se ha preparado así, la noche de bodas no tendrá el carácter traumatizante que actualmente se le asigna.

Un buen número de parejas llega al matrimonio sin haber desarrollado previamente este clima de confianza y acercamiento espiritual. Entonces es cuando la noche de bodas se transforma en un martirio. Son frecuentes los casos de muchachas que lloran y sufren ataques de nervios antes de la ceremonia, no por estar abrumadas de alegría sino porque saben que pocas horas más tarde estarán solas a merced de un extraño que puede comportarse como animal.

Por desgracia, parece estar muy arraigada la idea de que la noche de bodas es como un combate boxeril o una prueba de suficiencia. Los amigos aconsejan al novio y le dan fórmulas para hacer un buen papel, al igual que un manager a su pupilo antes de subir al ring. Por otro lado, las amigas o la madre de la novia dan también consejos a la contrayente, advirtiéndole que “debes dar a entender que no te gusta…, si no, tu marido va a creer que eres una cualquiera”.

¡Qué espectáculo más degradante! Se van los novios, en medio de las risitas contenidas y maliciosas y las bromas de mal gusto. Así se prostituye el encuentro de dos seres que se aman. Se van los novios y uno imagina lo que ocurre después. Una muchacha que se encierra en el baño a llorar y a hacer tiempo, y que después resignada a su suerte, se entrega al marido, el que muchas veces se comporta en forma brusca y animal. Cuántas noches de bodas no pasan de ser violaciones legalmente realizadas.

Pero cuando él y ella se quieren y se han preparado para su enlace, entonces no hay miedo ni temor. Es la noche en que la unión de sus corazones se manifestará también en sus cuerpos. ¿Cómo podrían no estar felices? Indudablemente puede que estén nerviosos, pero saben que novan a subir a un ring ni a un escenario. Por eso no aceptan los consejos de los “amigos” respecto de posiciones o fórmulas para el acto sexual. No las necesitan. Tienen toda la vida para ir descubriendo juntos su sexualidad.

Para los que se aman, esa “primera noche” tiene que ser feliz. Él sabe que ella se excita más lentamente y procura adaptarse. Y ella sabe también que no puede quedarse pasiva, que ella es parte actuante y activa en la relación.

Es probable que el primer acto sexual no les resulte. Que se precipiten o que algo falle debido a los nervios. ¿Es para desesperarse? En absoluto. Ya resultará. Mientras tanto, la ternura y la comprensión demostradas en el lecho fortalecerán los lazos entre el joven matrimonio y servirán para crear el clima ´psicológico necesario para relaciones sexuales exitosas.

LAS RELACIONES PREMATRIMONIALES

¿Es necesario que uno de los cónyuges, o ambos, hayan tenido experiencias sexuales previas? Tampoco. Este factor no conspirara nunca contra la felicidad sexual del matrimonio. Al contrario, puede que se transforme en un elemento más de unión para la pareja. En efecto, es apasionante hacer juntos un camino desconocido, ir descubriendo juntos realidades ignoradas. Eso contribuye, incluso, a que tanto él como ella se sientan en un mismo plano de igualdad, y no en una situación semejante a la del profesor y el alumno.

El “periodo de adaptación sexual” puede prolongarse por meses y hasta por un par de años. Es una etapa que requiere un descubrimiento a fondo de la sexualidad profunda del otro, y una paulatina adaptación física mutua. Se necesitan en este periodo gran comprensión, disciplina y confianza. Es probable que ciertos prejuicios o actitudes psicológicas no puedan ser borradas de un día para otro. Esta etapa es para eso. Por ejemplo, puede que la niña haya sido educada de acuerdo a criterios muy rigurosos y, aunque lo desee racionalmente, le cueste mucho asumir su papel activo en el acto sexual. Puede también ocurrir que el que el muchacho se excite con demasiada rapidez y necesite ejercitarse a fin de poder “esperar” a su compañera.

En cualquier caso, es muy conveniente que la pareja joven tenga un matrimonio amigo, verdaderamente amigo, al cual consultar y confiarse. Pero tienen que ser los dos, él y ella, los que sientan la confianza en otro matrimonio o persona. Esta pareja o persona amiga puede serles de gran utilidad para ir superando las inevitables crisis del primer tiempo y los eventuales problemas del sexo.

El amor es la piedra angular del matrimonio. Por eso la pareja debe cuidarlo, protegerlo, igual como se cuida y se protege a un niño. Ese amor le debe unir también en su intimidad sexual. Para el criterio de la publicidad y del mundo erotizado en que vivimos, la cama es símbolo de placer, de goce egoísta y desenfrenado. Pero para quienes creen que el ser humano es algo más que un animal, la cama es símbolo de entrega de compresión, de ternura, de gozo, sí, pero, muchas veces, también de renuncia y sacrificio, para ellos, pues, el lecho conyugal es símbolo de amor.