Camino al andar
Noviembre de 2012

Escuchar a los masones

No están de moda ni el silencio ni la discreción que tanto valoran, de modo que cuando,ellos hablan, las personas de buena voluntad deben abrir sus mentes y corazones

EN TIEMPOS EN que la transparencia y hasta el exhibicionismo se ha convertido en un imperativo, la masonería es mirada con sospecha. Pero toda institución que procure el perfeccionamiento de sus afiliados está llamada a cultivar la discreción, el silencio, el recogimiento.

Vivimos inmersos en un ruido incesante. Los aparatos de televisión, notebooks, tablets, videojuegos o teléfonos inteligentes solicitan en forma incesante nuestra atención con sus contenidos y señales acústicas. En los supermercados y las grandes tiendas nos envuelve la música ambiental, acompañada de llamadas a viva voz a aprovechar incesantes promociones.

Darse espacios para el silencio y la reflexión es requisito indispensable si queremos conectarnos con nosotros mismos. Para los cristianos, en eso consiste, ni más ni menos, la oración. Como sabemos que el Señor habita en nosotros, al conectarnos con nosotros mismos tenemos acceso a Dios.

El propio Jesús, asediado por tanta gente que quería escucharlo, verlo y tocarlo, se fondeaba a menudo, escapando de las masas, para dedicar largos ratos a la reflexión silenciosa, sin música ambiental, y a la oración, fuera con sus discípulos o a solas.

Cabe valorar entonces la importancia que los masones otorgan a la reflexión, al intercambio sosegado de opiniones y a la discreción. De otro lado, más allá de las fallas de algunos de sus miembros, inevitables ya que los seres humanos somos por naturaleza imperfectos, es innegable que el país debe gratitud a numerosos masones que a lo largo de la historia han prestado señalados servicios a Chile y se han erigido en ejemplo de entrega al bien común.

La Iglesia Católica miró siempre con sospecha, desde los inicios de los tiempos modernos, el surgimiento y desarrollo de la masonería. Es que esta propiciaba el imperio de la razón por sobre la superstición y la ignorancia, así como la separación entre la Iglesia y el Estado, asociada a la supresión de las granjerías de que gozaba el alto clero.

Papistas y masones se dieron con todo durante siglos, procurando mantener o acrecentar su poder e influencia en las instancias de poder de América y Europa. Un buen número de pastores y obispos protestantes se hicieron masones, en un intento por contener la prepotencia y el sectarismo de la jerarquía católica.

Se creó así un ambiente deplorable, del cual es ilustrativo el cartel que hizo instalar hace un siglo en las puertas de la Catedral de Iquique el entonces obispo José María Caro: “No se admiten ni perros ni masones”. Su pensamiento era representativo del episcopado chileno; no en vano andando el tiempo el clérigo se convirtió en al primer cardenal de la historia de Chile.

UNA CARTA PARA CHILE

Ahora la Gran Logia de Chile acaba de entregar una Carta a Chile, dirigida pues a todos los ciudadanos. Evocan los masones a ese gran tribuno que fue Enrique Mac Iver, quien en 1900 escribió su célebre frase “me parece que (los chilenos) no somos felices”. Y eso justo en la época en que el país conocía una prosperidad sin precedentes, al impulso de la explotación del salitre. Ahora sucede algo semejante, gracias al sostenido auge del precio del cobre y de políticas económicas que han favorecido el crecimiento. Entonces, ¿cómo se explican la agitación social, los desmanes en las calles, el clima de agresividad que se percibe por doquier?

“La Masonería chilena manifiesta al país su preocupación ante el momento actual” señala el documento “Aunque no está en medio de una crisis política ni institucional, Chile parece encaminarse hacia ello”. Atribuye esta paradoja de descontento generalizado y prosperidad sin precedentes al debilitamiento de ciertos valores y a la persistencia de una profunda inequidad social y económica.

Parece llegado el momento en que todas las personas de buena voluntad, partiendo por quienes nos decimos cristianos, tenemos la obligación moral de leer y reflexionar con la mente y el corazón abiertos el mensaje que se han dado la molestia de preparar nuestros hermanos masones. Y parto por darle las gracias por tan valioso aporte.