A los 17 no es niña, ¡es mujer!
Es absurdo que la misma niña que a las 14 puede exigir la píldora del día después en el consultorio sea considerada inocente paloma tres años más tarde, después de haber concurrido 50 veces a tener sexo con un señor que retribuye sus atenciones
POR DECISIÓN GUBERNAMENTAL una niña de 14 años puede concurrir a escondidas de sus padres al consultorio más próximo a su domicilio y exigir que se le entregue la píldora del día después. Sin embargo, una muchacha de 17 años es considerada por la ley como una inocente parvulita y si algún varón adulto mantiene relaciones sexuales con ella puede sufrir las penas del infierno, aun cuando el propio gobierno, para justificar la generosa disponibilidad de la píldora del día después, se haya encargado de difundir estadísticas que señalan que a los 14 o 15 años un porcentaje elevado y creciente de nuestros jóvenes protagonizan una activa y suponemos que placentera vida sexual.
Esta situación ha quedado de manifiesto ante el calvario que vive un funcionario del Servicio Nacional de Menores, Sename, la misma benemérita institución que prohijó a Gemita Bueno y cuyas insuficiencias y deficiencias llevaron recientemente a la muerte en un incendio en un recinto de Puerto Montt a una decena de jóvenes de escasos recursos que se encontraban internados allí como medida de protección. Los ejecutivos de aquel organismo, todos ellos nombrados por razones políticas, empeñados al parecer en emborrachar la perdiz o lavar la pésima imagen del Sename, decidieron crucificar a un funcionario administrativo por el hecho de haber sido sorprendido sosteniendo relaciones, al parecer a cambio de alguna retribución con una joven de 17 años.
En realidad quienes descubrieron la torpeza de este señor fueron ágiles y comprometidos periodistas del canal Megavisión, propiedad de uno de los hombres más ricos de Chile, que son los que tienen en nuestro país derecho a ejercer la libertad de expresión, ya que ellos concentran en sus manos el grueso de los medios de comunicación o informativos que existen en Chile, para lo cual han contado desde hace mucho tiempo con el entusiasta apoyo de los sucesivos gobiernos concertacionistas.
Los periodistas de Megavisión, siguiendo seguramente las instrucciones del propietario del canal, manifiestan una visión bastante estrecha de la ética y moral periodística. Difícilmente van a preocuparse de denunciar o hacer seguimiento a las maniobras con las que algunos señores muy bien dateados ganan mediante operaciones especulativas en la Bolsa, decenas o cientos de millones de pesos de un día para otro. Tampoco, por supuesto, van a referirse a las utilidades desmesuradas que obtienen compañías extranjeras que se han apoderado subrepticiamente del cobre chileno y que pagan por la explotación del recurso natural que nos pertenece a todos los chilenos, cantidades irrisorias por concepto de tributación. No, los periodistas de Megavisión, lo mismo que nuestros colegas en general, se afanan más bien en descubrir la noticia pintoresca o bien aquella que pueda suscitar mayor rating en una masa ya suficientemente embrutecida de tanta farándula, pelotas y actividades sin mayor trascendencia. Entonces los reporteros de uno de estos programas grabaron los encuentros furtivos de esta dama de 17 años con un señor que ha sido presentado por buena parte de la prensa como un verdadero monstruo por el hecho de tener sexo a cambio de otorgar algunos favores pecuniarios o de otro tipo con esta joven de 17 años.
Pregunta para los muy hipócritas: ¿acaso la mayoría de los hombres en esta sociedad tan tremendamente machista no pagan alguna suerte de peaje para llevarse a la cama a una mujer, sea ésta amiga, polola, amiga con ventaja o lo que fuere? Obviamente si el sujeto se ha matrimoniado con la mujer, el pago que ha hecho resulta sustancialmente mayor. Pero hablando del sexo fuera del matrimonio (¡uy!, qué pacato suena dicho así) en la mayoría de los casos el hombre entrega alguna prenda. De manera que el hecho que este desventurado ex funcionario del Sename haya ofrecido alguna recompensa a la muchacha no constituye mayor pecado, sino que tan sólo representa ceñirse a una costumbre. El crucificado por los medios de comunicación no es, después de todo, un pulpo o un degenerado, como se lo ha pretendido mostrar.
El propio diario La Cuarta, que es uno de los promotores del machismo en Chile, recogió opiniones de vecinas sobre este funcionario. Varias de ellas declararon que lo conocen desde hace 20 años y destacan el hecho de que cuando su esposa lo abandonó, dejándole cuatro hijos propios de ella y sólo uno en común, este “santo” varón dedicó toda su existencia a criar y educar la prole. “Fue padre y madre para ellos, lo que no es fácil para nadie”, argumenta el vecindario, según dejó constancia el diario La Cuarta. Agregó que los vecinos están indignados con los sapos de “Aquí en Vivo”, que así se llama el programita del supuesto periodismo de investigación del canal de don Ricardo Claro. Se nos viene ahora a la mente qué podrían hacer estos periodistas si por ejemplo trataran de seguirle la pista a algunos de los numerosos torturadores bajo la dictadura militar que viven ahora una plácida existencia, pese a que no han tenido ni siquiera la humanidad mínima de confesar dónde enterraron los cadáveres o lanzaron sus restos. Pero eso sería hacer un periodismo de investigación en serio.
Los vecinos de pasaje Ventisquero de Lo Hermida en Ñuñoa, donde vive el crucificado, temen que con tanto acoso mediático “a Carlos le venga la Metallica y se suicide”. Mucho mayor comprensión y lucidez que alguno de estos periodistas que han estudiado años en la universidad, manifiesta la vocera de la cuadra donde vive la víctima: "en este caso la única culpable es la p… madre de esta cabrita que se la servía en bandeja a Carlitos. El hombre es hombre aquí y en la quebrada del ají. ¿Si a usted le ponen la brea pelada y en la boca se la come o la escupe?" En ese folclórico lenguaje hay por cierto más sabiduría que en los códigos y en la prédica incesante de las feministas que gobiernan el país y los tontos útiles o calzonudos que las secundan. Porque, claro, en rigor la muchacha, supuestamente inocente, llegaba caminando sobre sus dos extremidades y libremente a visitar al tío Carlos, pero en lugar de tener clases de computación, que era la versión que le entregaba a su madre, se dedicaba a tener relaciones con él, a cambio por cierto de alguna retribución. Podrá ser menor de edad y supuestamente inocente, pero en absoluto tonta. La muchacha estuvo concurriendo por más de un año al despacho del funcionario siempre entre las 20 y 20:30 horas.
Curiosamente, la fiscal acusadora, dejándose llevar seguramente por solidaridad de género, absolvió desde la partida a la madre, en circunstancias de que hay que ser bien caída del catre como mujer adulta para no percatarse de que una muchacha de 17 años está manteniendo relaciones sexuales periódicas con un señor. Si una madre no es capaz de percibir esta situación realmente le queda bastante grande el título, porque no se trata de un episodio aislado, sino de algo reiterado durante más de 50 ocasiones. Pero a la avispada fiscal se le pasó por alto además el testimonio del conserje del edificio, quien señaló que la madre de la inocente niña era también visitante asidua del acusado. Así pues, tenemos un escandalito absurdo promovido por periodistas que al decir del juez se las dan de sheriffs o de sapos, en lugar de dedicarse a temas más de fondo.
Si tuviéramos que mandar presos a todos los hombres que tienen relaciones con niñas de 16 o 17 años, el sistema carcelario se precipitaría a un colapso 10 veces mayor de lo que lo aqueja en la actualidad. Por otro lado, si esas mujeres de 15 o más años, que están habituadas a tener sexo, se les impidiera vivir su sexualidad, quizás qué situaciones se producirían, porque dejémonos de patillas, ya las prepúberes ensayan movimientos lascivos, fruto de una sociedad donde el sexo es una mercadería que vende y en la que el deseo sexual es utilizado como gancho frecuente y desvergonzadamente para campañas publicitarias. Si a ésta agregamos la erotización en todos los ambientes y el despertar sexual a edad más tierna que por razones supuestamente biológicas experimentan nuestros hijos y nietos, entonces tenemos un cóctel bastante explosivo.
Es comprensible que queramos proteger a nuestros niños, prepúberes, hablemos menores de 16 años, para impedir que sean manipulados por adultos. Ya la edad de 16 años es bastante discutible, porque para quienes han leído un poco y no son ignorantes a carta cabal, como abundan entre muchos que lucen orondos sus diplomas universitarios, la edad de matrimonio durante siglos fue los 14 años e incluso antes. Hasta hace tres o cuatro generaciones era común que las mujeres contrajeran matrimonio a esa edad. El padre de Bernardo O’Higgins engendró a nuestro héroe máximo con una niña que difícilmente tenía más de 14 y según el Evangelio María no debió haber tenido más de esa edad cuando concibió al Mesías.
Nadie podrá decir que, a estas alturas en Chile, una joven de más de 15 años ignora qué es el sexo, en circunstancias que un elevado porcentaje de ellas mantiene una activa vida sexual. Si una muchacha de 14 puede ir al consultorio y exigir la píldora del día después a espaldas de sus padres, carece de toda racionalidad que una joven de 16 pueda ser vista como una inocente paloma que se sonroje si un varón la mira fijamente a los ojos.
En definitiva, se trata de que la mujer, que por tanto tiempo estuvo acostumbrada a inculpar al varón por lo que hacía o dejaba de hacer, asuma su propia responsabilidad y que otro tanto hagan las madres, porque la progenitora de esta criatura de 17 no puede eximirse así tan fácilmente con la ayuda de la fiscal, de la responsabilidad que le cabe si es que suponemos que aquí hubo algún delito. En rigor, no hubo tal. Hubo tan sólo la imprudencia de un hombre que parece haber llevado en el plano familiar una vida bastante meritoria y que sucumbió al desplante y encanto de una joven que hacía tiempo había dejado de ser niña y era toda una ganosa y calculadora mujer.