¿Lesbiana, la divina Gabriela?
La respuesta está en sus versos, que hay que leer con cuidado, y junto a su tumba, en una piedra con un mensaje que el tiempo ha ido borrando, pero que aún se lee
EL NOTABLE CRÍTICO literario que fue Hernán Díaz Arrieta, Alone, escribió hace cuarenta años: "Se hará un film algún día con la pobre muchachita de Monte Grande que, en momentos aciagos, acusada de robo, atraviesa la plaza de Vicuña perseguida a piedra e insultos por sus compañeras de colegio y más tarde alcanza tierras lejanas, recibe fuera de su patria grandes homenajes y obtiene el honor más codiciado para un escritor. Vuelta a su país, encuentra los esplendores de una apoteosis, pero no podrá nunca curarse la herida de aquella acusación injusta, ni vencer el temor a no se sabe qué castigos por una falta que no había cometido. Todo lo demás resulta accesorio en la vida de Gabriela". Se refería, claro, a la Mistral: "No se entiende el carácter de ella ni se explica su permanente peregrinaje por el mundo si no se sabe de esa espina secreta de lo que llaman un complejo"
De la muerte de Gabriela Mistral han transcurrido casi 45 años. Ahora se anuncia la producción de una película ("La pasajera") sobre la poetisa en México, país que ella amó entrañablemente, que entre otros elementos, aunque no el principal, abordaría la condición supuestamente lesbiana de la Premio Nobel. Ello ha suscitado las furiosas reacciones de los alcaldes de las comunas en que nació y pasó sus primeros años la Mistral, así como de un importante sector de sus admiradores. El Fondart optó por abstenerse de brindar apoyo al proyecto y la Embajada de Chile en México ha maniobrado para boicotearlo, pese a que el titular de la misma es Luis Maira, un intelectual de izquierda; y su esposa, una conocida escritora de superventas para mujeres y "centro de mesa" en revistas y programas de la gente linda.
Bajada del altar
Por largo tiempo, Lucila Godoy ha sido una desconocida para el grueso de sus compatriotas, que apenas balbucean algunos de sus versos para escolares. Tal vez ellos y su imagen de amada doliente tras el suicidio de su novio se conjugaron para tejer en torno a su persona la aureola de la maestra abnegada e inmaculada, por cierto carente de sexualidad.
Desde hace algún tiempo, sucesivas revelaciones han ido descubriendo a una persona más real, sujeta a intensas pasiones e incluso a amores prohibidos. Los moralistas se han sentido tal vez defraudados, pero no quienes han adivinado en los versos de Gabriela Mistral a un ser intensamente sensible, los cuales no pueden haber sido fruto sólo de ensoñaciones o construcciones nada más que intelectuales.
El análisis histórico hace añicos también el esterotipo de la mujer que escribe versos sosos para menores de 10 años, dotado de un sentimentalismo barato, ajena al contexto social y político.
Por el contrario, ya a comienzos del siglo pasado, desde el muy provinciano periódico "La voz del Elqui", la Mistral, denunciaba que a la mujer se le mantenía prisionera de la ignorancia. La novel escritora creía firmemente en la vocación de la mujer, tanto como en su inserción en el mundo del trabajo, la cultura, la política y las artes... Una posición visionaria para su época, comenta Pedro Pablo Zegers, en su ensayo "La tierra tiene la actitud de una mujer", en que examina los escritos que nuestra premio Nobel dedicó a la condición femenina.
"La maqueta que en los colegios construyen de los poetas es bien distinta a las realidades: es preciso que los mitos se derrumben, se rearmen, dejen de existir o se conviertan en otros. Gabriela Mistral era una mujer dura y fuerte", apunta uno de los promotores del proyecto fílmico. "De pequeña no sólo no sabía, sino que no quería aprender nada relacionado con la cocina o con cualquier labor doméstica "de mujeres". Insólito si pensamos que se trata de una adolescente que se cría en el Valle del Elqui a fines del siglo XIX.
Okey, era de armas tomar y capaz de tener una visión de mucho mayor alcance que la abrumadora mayoría de sus congéneres con la mayor preparación académica formal. Este país de chaqueteros y arribistas le quedó muy chico y tuvo que convertirse en una nómade para no asfixiarse con el smog de la chatura intelectual y anímica de los chilenitos.
Versos de una mujer apasionada
Pero ¿cómo podría haber sido lesbiana una mujer capaz de escribir, por ejemplo, el "Poema del hijo"?
Un hijo, un hijo, un hijo, yo quise un hijo tuyo
Y mío, allá en los días del éxtasis ardiente,
En los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo
Y un ancho resplandor creció sobre mi frente.
¿Lesbiana una mujer que es capaz de escribir "Los sonetos de la muerte", en los que se dirige así al amado que se trizó las sienes?
Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.
Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido,
Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.
Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!
¿Lesbiana una mujer que sueña sin tregua con el reencuentro con el amado, cuya prematura partida la sumió a ella en abrumadora desolación?
Este largo cansancio se hará mayor un día,
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada vía,
por donde van los hombres, contentos de vivir...
Sentirás que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente...
¡y después hablaremos por una eternidad!
¿Lesbiana una mujer que en su poema "Volverlo a ver" se pregunta, inconsolable...
Y nunca, nunca más, ni en noches llenas
de temblor de astros, ni en las alboradas
vírgenes, ni en las tardes inmoladas?
¿Al margen de ningún sendero pálido,
que ciñe el campo, al margen de ninguna
fontana trémula, blanca de luna?
¿Bajo las trenzaduras de la selva,
donde llamándolo me he anochecido,
ni en la gruta que vuelve mi alarido?
¡Oh, no! ¡Volverlo a ver, no importa dónde,
en remansos de cielo o en vórtice hervidor,
bajo unas lunas plácidas o en un cárdeno horror!
¡Y ser con él todas las primaveras
y los inviernos, en un angustiado
nudo, en torno a su cuello ensangrentado!
¿Lesbiana una mujer que tuvo amores clandestinos con el poeta Manuel Magallanes Moure? Este fue hombre clave en la vida de la Mistral porque integró el jurado que en 1914 otorgó a la desconocida y joven maestra rural el primer premio de los Juegos Florales de Santiago, valorando la maestría e intensidad de "Los sonetos de la muerte". A partir de entonces, Gabriela y Manuel sostuvieron un intenso intercambio epistolar. En "Cartas de amor y desamor", el ensayista Jaime Quezada, uno de los mejores conocedores de la obra de Gabriela, presenta el intercambio que mantuvieron ambos poetas y entrega útiles explicaciones contextuales.
Quizá lo fue
Hay quienes han analizado tal vez con mayor profundidad la obra mistraliana y llegan a una conclusión categórica en el sentido contrario a nuestra.
Francisco Casas, un militante homosexual involucrado en el proyecto fílmico, asegura en una entrevista periodística que el lesbianismo de Gabriela siempre fue un secreto a voces entre sus cercanos. "Gabriela Mistral era total y completamente lesbiana y hablaba y escribía desde allí". Asevera que esta faceta desconocida para el grueso de sus admiradores ya había sido insinuada en la biografía "Gabriela Mistral pública y secreta", publicada por Volodia Teitelboim en 1996, afirmación que el viejo ensayista ha rechazado de plano.
El lesbianismo de la Mistral habría sido explicitado en estudios de expertos en literatura de las universidades de Nueva York y Columbia, investigaciones que habrían servido de base para la película en rodaje. A la luz de esa característica, según Casas, la figura y la poesía de Lucila Godoy Alcayaga se transforma. "Les aseguro que no es lo mismo leer sus obras sabiéndola profesora rural, enamorada de su tierra, amante frustrada y atormentada por la no correspondencia de su amor, que integrando a la historia su imponente carácter, sus recorridos por el mundo, su lesbianismo y su distancia con este país de principios de siglo que debió ser insufrible para la tremenda mujer que estamos presentando"
¿Y si lo hubiera sido, qué?
Al igual que muchos homosexuales, que pueden casarse y engendrar hijos, hay lesbianas que son bisexuales. O que después de haber pasado una etapa de "normalidad", pongamos en su juventud, descubren su vocación sexual más profunda y derivan a la búsqueda de vínculos eróticos, en el sentido profundo del término, sólo con mujeres.
Puede que ése haya sido el caso de Gabriela. A nosotros, admiradores suyos, nos ha entrado la duda. Quizá haya sido bisexual, acaso se haya asumido como lesbiana ya de adulta, fuera de Chile.
Si así hubiese sucedido, no divisamos motivo alguno para que ello lesione su imagen ni su obra. Sólo espíritus que entran al siglo XXI armados de los prejuicios del medioevo pueden sentirse espantados o asqueados ante tal probabilidad.
La opción sexual de cualquier persona se ubica en la esfera de su vida privada, y nadie tiene derecho a invadirla con fines morbosos. En el caso de personajes públicos, la vida íntima suscita a menudo efectos sobre su desempeño, pero el análisis de aquellos reviste un interés ya sea político o académico, nunca puede significar un juicio sobre la moralidad del individuo de que se trate.
Hace ya largo tiempo, en la segunda mitad del siglo pasado, que la Organización Mundial de la Salud dejó de considerar el homosexualismo y lesbianismo una enfermedad o desviación, sino una característica de un segmento no despreciable de los seres humanos. Se trata de personas cuya carga genética las hace diferentes. Pero no por tales han de ser discriminadas ni menos perseguidas. Por desgracia, en una gran número de países prevalecen la ignorancia y el fanatismo, al punto que las prácticas homosexuales o lesbianas son castigadas incluso con la pena de muerte. Vergüenza para quienes propician o apoyan tamaña bestialidad contra seres humanos cuyo único delito es apartarse de lo que se considera "normal".
Si no cabe un juicio moral condenatorio sobre Gabriela en el evento de que hubiese sido lesbiana, menos todavía esta revelación podría erosionar el juicio espléndido que merece el conunto de su obra poética y en prosa. Si le hiciésemos la cruz a los llamados "anormales", el universo de artistas (escultores, pintores, novelistas, poetas, músicos) se reduciría brutalmente, lo mismo que el de otros personajes ilustres, militares incluidos.
El alma de un pueblo
Ojalá que el rodaje y la próxima exhibición del film sobre la vida de Gabriela Mistral contribuya a que los chilenos se acerquen a la obra de esta gran escritora. Los líderes de opinión, gobernantes y políticos en general harían bien en enterarse o en recordar el mensaje grabado sobre la piedra que custodia la sencilla tumba de la poetisa, en Montegrande. "Lo que alma hace por el cuerpo es lo que el artista hace por su pueblo".
En un país en que más allá de las consignas y las frases de buena crianza el arte y la cultura siguen relegadas al patio trasero, en un indigno segundo plano, en que se promueve sin tapujos la ramplonería, la alineación y el borreguismo, es urgente tomar en serio en Gabriela. Sería último rasgar vestiduras ante quienes divulgan su presunto lesbianismo e ignorar su mensaje, cada vez más vigente de apoyo al arte y la cultura. Para que el país no se quede sin alma.
Tomar en serio a Gabriela Mistral no es sólo eso. Es hacerse cargo del contenido profundo de su obra. Desde muy joven ella tomó claro partido por las mujeres pobres, por los campesinos y maestros rurales, por los sufrientes, por los niños abandonados. Sus versos y su prosa representan un vigoroso alegato contra la discriminación y la maldad. Entre nosotros, lesbianas y homosexuales siguen siendo hostigados, cuando no perseguidos. Haya sido o no lesbiana, Gabriela desde su tumba nos urge a revisar normas y conductas que nos hacen indignos de su obra.