Camino al andar
Septiembre de 2025

La indispensable exhumación de Jesús

Una rigurosa aproximación histórica obliga a revisar creencias y actitudes de los cristianos, pero es un ejercicio del cual emerge poderosa la buena noticia que Cristo trajo para la humanidad de todos los tiempos

ME PARECIO UNA declaración algo excesiva, tratándose de una laica consagrada y viuda de un sacerdote católico con quien estuvo casada largos años. “Este libro me hizo descubrir un Jesús como jamás me habría atrevido a soñar” rezaba la dedicatoria. “Espero que también para ti sea una experiencia singular”.

Las casi quinientas páginas del libro de José Pagola resultaban intimidantes, mientras me decía que era difícil que alguien como yo se dejase sorprender por un nuevo libro sobre Jesús de Nazaret. No en vano he estado por casi tres cuartos de siglo expuesto a la escucha y a la reflexión de textos bíblicos.

A poco andar en la lectura el reparo que cobró prioridad fue el peso del volumen, el principal argumento que explica mi preferencia por el libro electrónico. Aparte, por cierto, del ahorro de la tala de árboles.

Sería exagerado afirmar que la fascinante aproximación histórica que acomete el afamado teólogo español me ha cambiado la vida.

Es que la fe luterana que profeso asume en alto grado la visión que Pagola presenta acerca de la vida y el mensaje de Jesús. Sin embargo, debo dejar constancia de que su extenso ensayo me ha permitido sistematizar y profundizar enseñanzas recibidas como en sucesivas capas a partir de mi infancia a mediados del siglo XX.

Es impresionante tomar cabal conciencia de cómo el legado de Jesús ha sido tan groseramente distorsionado por la clase sacerdotal que tomó desde muy temprano el control de la naciente iglesia. Felizmente, el Espíritu del Señor me ha iluminado y ya no incurro en el fariseísmo de escandalizarme por los vicios y traiciones de la institucionalidad cristiana. Jesús se encarnó en nuestro mundo y se hizo uno de nosotros, pese a que la naturaleza y las instituciones humanas llevan todas las marcas del pecado original.

Resulta por tanto paradójico que quienes procuran construir una iglesia más inclusiva y acogedora encuentran a menudo escaso eco en quienes debieran acoger con entusiasmo un cristianismo depurado de los elementos que lo han distorsionado tan gravemente.

Son reflexiones que se arremolinan en mi cabeza hasta que de pronto en un arresto de insanía me veo consagrando lo que me queda de vida a difundir el verdadero mensaje que Cristo quiso traer al mundo. Descarto con vergüenza este desvarío impropio de un anciano estragado por el Parkinson que se arrastra penosamente cual una cuncuna y me conformo con redactar este testimonio.