Camino al andar
Septiembre de 2000

Golpe a feministas de clítoris beligerantes

Todo el discurso rabiosamente anti varones de estas trogloditas tiene un fundamento falso, cual es la creencia de que en la especie humana existen sólo dos sexos

NUNCA HABÍA ACERTADO a identificar la causa de fondo de la animadversión que siempre me han inspirado las feministas. ¿Será la debilidad de los argumentos que esgrimen para denunciar los abusos contra las mujeres, la cual parece confirmar las sospechas de que las integrantes del segundo sexo son menos dotadas en materia de neuronas? ¿Será la astucia de serpientes de que hacen gala para conseguir beneficios o presionar por conquistas adicionales, en perjuicio de varones agobiados por una mala conciencia o a quienes aterra ganarse las iras de las feministas?

En verdad, hay que poseer bastante fortaleza para soportar a pie firme frases descalificatorias del tipo de "tiene que ser muy frustrado sexualmente para atacar así a las mujeres", o "quizá cuán mal lo trató su madre para opinar así".

Pero leyendo una novela de Mario Vargas Llosa, Los cuadernos de don Rigoberto, he logrado por fin identificar la causa de fondo de mi intuitivo rechazo a las monsergas de las feministas, que denuncian el acoso sexual, la disparidad en los ingresos, la carga del trabajo hogareño, pero se callan la exención del servicio militar, la realidad innegable de que las mujeres viven muchos más años que los hombres, la jubilación anticipada y la serie de cortesías de que siguen siendo objeto por parte de los varones.

Digamos de partida, junto con el personaje de la novela de Vargas Llosa, que estamos por la abolición de todo obstáculo legal a que la mujer acceda a las mismas responsabilidades del varón, y en contra de prejuicios ancestrales que la han reducido a la esfera doméstica, obligándola a ceñirse a un libreto de conducta, sobre la base de supuestas diferencias naturales e insalvables con los hombres.

Si estamos de acuerdo en algo tan fundamental, ¿por qué entonces esta irritación cada vez más intensa contra las representantes del populismo feminista y de tantos varones pusilánimes que ceden a sus exigencias, sin tener el coraje de examinar si ellas apunta de veras a una sociedad que ofrezca mayores oportunidades a todos, sin consideración de sexo?

Reduccionistas

La explicación de fondo estriba en que el feminismo es una más de las categorías que procura, lo mismo que lo hacen otras clasificaciones reduccionistas, el aplastamiento de los individuos- No existe el varón, señoras y señores, existen millones de seres humanos con testículos y rasgos externos que acusan alguna semejanza, pero cuya psiquis, físico y conducta anota abismantes diferencias de un caso a otro. Tampoco existe la mujer, charlatanas, por más que tres mil millones de personas en el mundo posean un clítoris en desarrollo, activo o en franca obsolescencia, prevención, claro, que cabría formular, por cierto, acerca del pene y los testículos para el caso de los varones.

Démosle mejor la palabra a don Rigoberto, perdón a Vargas Llosa, que seguramente lo expondrá con mayor brillo: "El feminismo es una categoría conceptual colectivista, es decir, un sofisma, pues pretende encerrar dentro de un concepto genérico homogéneo a una vasta colectividad de individualidades heterogéneas, en las que diferencias y disparidades son por lo menos tan importantes (seguramente más) que el denominador común clitórico y ovárico". En otras palabras, "estar dotado de falo o clítoris me parece menos importante para diferenciar a un ser de otro, que todo el resto de atributos (vicios, virtudes o taras) específicos a cada individuo. Olvidarlo, ha motivado que las ideologías crearan formas de opresión igualadora generalmente peores que aquellos despotismos contra los que pretendían insurgir".

Hay una segunda razón, más poderosa incluso, que la ya señalada. Y es que las feministas contribuyen, por acción u omisión, a consolidar la absurda creencia, que desafía la porfiada realidad de siglos y recientes hallazgos científicos, de que existen sólo dos sexos.

¿Usted cree que son cuatro, es decir agrega a los tradicionales masculino y femenino, el homosexual y el lésbico? Pues sigue atrasado de noticias. Vargas Llosa cita los trabajos de una eminencia médica para aventurar la existencia de cuando menos uno más, sino dos (berms, merms y ferms), variedades intermedias entre lo masculino y femenino detectadas por la biología, la genética y la sexología.

"La división maniquea de la humanidad entre hombres y mujeres es una ilusión colectivista, cuajada de conjuras contra la soberanía individual- y por ende contra la libertad-, y una falsedad científica entronizada por el tradicional empeño de los Estados, las religiones y los sistemas legales en mantener ese sistema dualista, en contra de una Naturaleza que lo desmiente a cada paso", señala el personaje vargasllosiano.

Es algo que miles de años atrás la sabiduría griega logró percibir al pergeñar personajes mitológicos como el hermafrodita adolescente y la ninfa, hallazgo que fue brutalmente reprimido en siglos posteriores. Así, millones de personas han debido soportar a lo largo de la historia el sarcasmo, la persecución y hasta la muerte por el pecado de ser diferentes, por una mentalidad que sólo acepta como normal lo masculino y lo femenino. Incluso hoy, sociedades que se consideran civilizadas continúan propinando tratos crueles y degradantes a esos delicados héroes intersexuales, en palabras de don Rigoberto, dotados de testículos y ovarios, clítoris como penes o penes como clítoris, uretras y vaginas, y que a veces disparan espermatozoides y a la vez menstrúan. Estos seres tan raros no lo serían tanto, del orden de 4% de la población mundial, es decir harto más que 200 millones.

Escamoteo

Si las feministas de clítoris beligerantes estuviesen sinceramente empeñadas en mejorar la condición humana y en la ruptura de las cadenas que nos empequeñecen en tanto personas al obligarnos a seguir moldes rígidos que se nos imponen desde la más tierna infancia, e incluso antes de nacer, con la diferenciación de colores del ajuar según se trate de bebitos o bebitas, no podrían permitir que la lucha por los derechos de la mujer (si existe tal cosa), se hiciese a costa de grupos minoritarios, pero no por eso menos dignos, máxime que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

Vuelvo a don Rigoberto para deplorar la falsedad del esquematismo gregario que promueven las feministas delirantes, interesados en separar a la humanidad en compartimentos estancos en razón del sexo: falos aquí, clítoris del otro lado; vaginas a la derecha, escrotos a la izquierda. "Ese esquematismo no corresponde a la verdad. También en lo referente al sexo los humanos representamos un abanico de variantes, familias, excepciones, originalidades y matices. Para aprisionar la realidad última e intransferible de lo humano, en este dominio, como en todos los otros, hay que renunciar al rebaño, a la visión tumultuaria, y replegarse en lo individual".

A la luz de este razonamiento, ¿tiene sentido crear y mantener un organismo que se llama Servicio Nacional de la Mujer? ¿Sirve al bien común la tramitación de leyes a favor de la incorporación femenina a la fuerza de trabajo? ¿Resulta sensato establecer la discriminación positiva para que las mujeres accedan a puestos dirigenciales, mientras al mismo tiempo se niega la existencia de homosexuales, lesbianas y otras categorías?

Todo movimiento que pretenda trascender (o relegar a segundo plano) el combate por la soberanía individual, anteponiéndole los intereses de un colectivo -clase, raza, género, nación, sexo, etnia, iglesia, vicio o profesión- constituye para don Rigoberto una conjura para asestar nuevas dentelladas a la maltratada libertad humana. "Esa libertad sólo alcanza su sentido pleno en la esfera del individuo, patria cálida e indivisible que encarnamos usted con su clítoris beligerante y yo con mi falo y deberíamos defenderla, ante todo, contra la pretensión de quienes quisieran disolvernos en esos conglomerados amorfos y castradores que manipulan los hambrientos de poder".

Hasta aquí esta devastadora respuesta a las feministas populistas que hacen de las suyas en el mundo occidental y que han ganado posiciones en el Gobierno de Lagos y, sobre todo, en uno de los partidos de la coalición oficialista, donde ejercen un matriarcado inmisericorde, apoyado en el terrorismo intelectual. Ellas son las que están presionando por la dictación de una ley contra el acoso sexual y quieren endurecer las leyes para el reconocimiento forzoso de la paternidad, en circunstancias que desde la masificación de la píldora es la mujer la que decide ser madre y no hay derecho que algunas se embaracen con el deliberado afán de sacarle plata al hombre que nunca quiso engendrar un hijo con ellas.

Cuento antifeminista

Habiendo basado este artículo en los planteamientos de don Rigoberto, es imposible dejar de mencionar el delicioso cuento con el que cierra la carta que el personaje dirige a una supuesta interlocutora feminista.

El protagonista es un pragmático andrógino Emma (¿debería tal vez, decir andrógina?), educada como niña, pese a tener un clítoris del tamaño de un pene, y una hospitalaria vagina, lo que le permitía celebrar intercambios sexuales con mujeres y hombres. De soltera, los tuvo sobre todo con muchachas, oficiando ella de hombre. Luego, casó con un varón e hizo el amor como mujer, sin que ese rol, empero, la deleitara tanto como el otro; por eso, tuvo amantes mujeres a quienes horadaba alegremente con su virilizado clítoris. Al consultar a un reputado urólogo, este manifestó a Emma que sería muy fácil intervenirla quirúrgicamente y convertirla sólo en hombre, ya que ésa parecía su preferencia. La respuesta de Emma vale bibliotecas sobre la estrechez del humano universo: "¿Tendría usted que quitarme la vagina, no, doctor? No creo que me convenga, pues ella me da de comer. Si me opera, tendría que separarme de mi esposo y buscar trabajo. Para eso, prefiero seguir como estoy".