El pubis depilado de Cecilia Bolocco
Canal 13 debe preguntarse hasta qué punto está dispuesto a someterse a los caprichos de una mujer cuya adoración por sí misma alcanza niveles inquietantes
A DESPECHO DE lo que piensa la mayoría de la gente, una mujer histérica no necesariamente es una quinceañera que chilla como condenada para saludar a un cantante de moda, ni una ya madura que se lanza al suelo mesándose los cabellos, ni otra que sufre de arrebatos incontenibles de furia que la llevan a lanzar objetos contra quien esté cerca.
La histeria se manifiesta de manera más sutil en un creciente egocentrismo y en un menosprecio por referentes de carácter ético, en aras de la figuración o aceptación social. Como bien lo saben psiquiatras y sicólogos, la histeria hace presa en especial de mujeres de mediana edad, que ven escaparse la juventud y que recurren con desesperación creciente a cuanto método existe para anular los efectos que el paso del tiempo va dejando en su rostro y cuerpo. Al mismo tiempo, se lanzan en un frenético tren de vida, intentando emular a adolescentes y veintiañeros sólo preocupados de pasarlo bien. Es la forma en que intentan demostrar que se mantienen vigentes.
La preocupación por mantenerse saludable y atractiva es propia de toda persona normal, máxime en la mujer, para la cual, por razones culturales, el fin de la juventud y la llegada de la madurez constituye un desafío más duro. A los varones, la calvicie o las canas, la ponchera o el abdomen prominente y ni siquiera las arrugas les impiden botarse a conquistadores de mujeres, pues en la edad madura esos hombres tienen por lo general una situación económica consolidada, que es en rigor lo que más interesa a la mayoría de las féminas.
Esta discriminación justifica el uso, por parte de las señoras de cuatro décadas, de aceites y pócimas, la concurrencia frecuente al gimnasio e, incluso, las operaciones de cirugía estética para borrar arrugas, levantar traseros y afirmar mamas cansadas y proclives a rendirse a los dictados de la ley de la gravedad.
Pero cuando ya esta preocupación se torna obsesiva y tales actos no van acompañados de un crecimiento interior para asumir con creatividad el paso inevitable a una nueva etapa de la vida, entonces la histeria se torna evidente y no cesa de agravarse porque rara vez la afectada toma conciencia del problema que la afecta.
Pubis festivalero
A Cecilia Bolocco le falta mucho para llegar a la década de los cuarenta, en que tantas mujeres modernas caen en la histeria, echando a pique sus matrimonios y asumiendo conductas que dejan perplejos a sus relaciones más cercanas. Sin embargo, hace tiempo que la animadora viene dando muestras de un egocentrismo desatado, que se retroalimenta de manera enfermiza con la admiración que le profesan las masas incultas, carne de cañón para el grueso de los programadores de nuestra decadente televisión abierta.
El programa que tuvo el año pasado en Canal 13 mostró hasta la saciedad que los afanes de figuración de la ex Miss Universo no reconocen límites. El análisis de sus declaraciones en diversas entrevistas en las revistas esas de gran tamaño que se dedican a ventilar las intimidades de la gente linda, así como de su comportamiento ante los presidentes Menem y Fujimori comprueban que el ego de la Bolocco se agiganta con el paso de los meses y que en su búsqueda de la felicidad y la plenitud, nada la arredra ni la detiene.
El aldeanismo de los chilenos da alas a la Bolocco. Cuando ella fue a Buenos Aires a entrevistar al entonces presidente Menem, la mayoría de nuestros connacionales creyó que la presencia de la ex Miss Universo había conmocionado a los argentinos. La realidad distó de ser tan glamorosa. El editor de espectáculos de Gente, una de las revistas de mayor tiraje del Cono Sur, afirmó que era una noticia que interesaba sólo a los chilenos. “Nosotros no publicaremos nada sobre el encuentro, pues ella sólo es una periodista muy bonita”, explicó.
El último episodio de este proceso lo constituye la exhibición de su pubis depilado en la jornada inaugural del Festival de Viña del Mar. En un notable acierto fotográfico, el diario La Nación captó el momento en que la ex Miss Universo levanta a buena altura una pierna y la malla se le corre, dejando al descubierto la inexistencia de vello en la zona cercana a la confluencia de las dos extremidades inferiores. Esa edición del diario gobiernista se agotó por completo, como no sucedía desde hace tiempo.
Canal católico
La Bolocco manifestó posteriormente que estaba sentida por la divulgación de la foto y adujo que la situación obedeció a la falta de tiempo para probarse el vestuario que usaría la noche inaugural. Por eso es que no se percató de que la malla le quedaba un poco estrecha de cierta parte. Se trata de explicaciones pueriles para una persona que pasa todo el día pendiente de cómo se ve y se verá, y de un enojo poco creíble, toda vez que el escándalo levantó aun más sus bonos y lo que puede cobrar por cada presentación.
Cecilia puede hacer lo que quiera con su vida, es cierto, aunque como personaje sobreexpuesto, que ventila sin pudor sus intimidades y conquistas, no puede molestarse por las críticas que se le formulen, por más que ella piense que los chilenos somos todos sus súbditos, obligados a rendirle constante pleitesía.
Pero la pregunta de fondo es hasta qué punto un canal católico puede prestarse para servir de caja de resonancia para una persona cuyo egocentrismo es cada día más evidente y cuyo empeño por adorarse a sí misma no reconoce límites. Si es cierto que un canal católico no puede operar en función únicamente del rating, sino que tiene que considerar algunos valores esenciales, entonces resulta inconcebible que muestre una sumisión absoluta a los dictados de una mujer histérica.