A mi hijo próximo a nacer
Un padre primerizo envía una afectuosa carta al niño en gestación
QUERIDO HIJO:
Hoy he sentido por primera vez cómo te mueves. Fue anoche al volver a casa. Tu madre me recibió con una mirada llena de alegría. Cuando la abracé, tomó mi mano, la puso en su vientre y aguardó un instante.
Entonces te sentí. Un terremoto no hubiera repercutido con tanta fuerza en mí como ese suave movimiento tuyo.
Es bueno que sepas que tu madre y yo que sentimos formando ya parte de nuestro hogar. Nuestras vidas han cambiado bastante. Hasta hace poco éramos, nada más que los dos en la casa. Ahora sentimos que ya somos tres. Pese a que falta bastante todavía para que nazcas y aunque el ginecólogo todavía no se atreve a determinar la fecha de tu arribo por estos lugares, eres todo un personaje para nosotros. Tanto nos hemos habituado a considerarse como un integrante de este hogar que no nos causaría demasiado asombro oír de pronto tu voz resonando en la casa para expresar tu opinión.
Ignoro si tienes preocupaciones o eres capaz de experimentar sentimientos y emociones. Personalmente no guardo ningún recuerdo de mi estada de siete meses –yo nací antes de tiempo- en el seno de mi madre. Pero el mundo cambia con rapidez. Cada día se están conociendo nuevas cosas sorprendentes que hasta ahora ignorábamos. No me sorprendería demasiado que de repente apareciera un científico europeo con la novedad del año: las guaguas en proceso de gestación son capaces de sufrir y gozar con. Escuchan las conversaciones de los padres y tratan de averiguar lo que ocurre en el mundo antes de llegar. Capaz que hasta le den el Premio Nobel.
Por eso quiero tomar precauciones y dejar en claro algunas cosas. Así me quedaré tranquilo. Hombre precavido, coma, vale por dos.
Si eres capaz de comprender, lo más probable es que estés preocupado de saber qué esperan tus padres, que tú seas: varoncito o mujer Deseas, sin duda, precaverte respecto de cómo te recibiremos.
Debo reconocer que tu preocupación es comprensible. Tú serás el primer hijo y tradicionalmente los padres desean que este sea varón. Son resabios que la época del feudalismo, cuando el primogénito heredaba todos los bienes del padre. Y es también una muestra más de la discriminación de que ha sido víctima por tanto tiempo la mujer. Por siglos y siglos se ha considerado inferior al hombre. Incluso hoy en día cuando una pareja tiene una mujercita, no faltan los amigos que compasivamente le dicen a los padres: “¡Vamos consuélense! algo es algo; el próximo será un hombre”.
Esta mentalidad provoca serios problemas. Al papá que solo ha podido engendrar mujercitas se le aplica el despreciativo sobrenombre de “chancletero”. Y muchas madres, al ver al hijo recién nacido, lloran, no de alegría, sino de pena, porque saben que al regreso a casa su pareja no las recibirá con afecto, sino con resentimiento porque el bebé fue niño y no varón.
Fíjate que hace pocas semanas este problema tuvo una manifestación dramática, cuando una mujer que recién había dado a luz una niñita, cambió su guagua por un hombrecito, nacido de otra compañera de pieza en el hospital. Seguramente, la pobre mujer actuó así impulsada por la presión de su esposo y familiares, todos los cuales habían puesto su esperanza en un varón.
Espero fervientemente que tú vivas en un mundo mejor, donde, entre otras cosas, la mujer tenga de veras la misma dignidad que el hombre. Donde ella no sea más un ser de segunda categoría, ni un simple juguete para la diversión sexual.
Prepárate lo mejor posible mientras llega la hora de nacer, mira que aquí hay mucho que realizar. Te espera una ardua tarea. Confío en que tú unirás a quienes luchan por una sociedad más fraternal, más justa, más humana, en la que el rostro de Dios se haga más visible.
Espero verte y abrazarte en poco tiempo más. Con el cariño inmenso de
Tu padre