Plegaria por Francisco
Visita Chile en momentos en que la Iglesia Católica afronta un cisma en cámara lenta: millones de fieles se sienten traicionados por sus sacerdotes y obispos
NI COMO LUTERANOS ni como habitantes de Chile podemos ignorar la inminente visita del Papa Francisco. Ella se desarrollará en un clima enrarecido por nuevas denuncias de actos de pedofilia en el seno de la Iglesia Católica.
Los escándalos, que vienen siendo denunciados desde comienzos de los años noventa, han causado un daño incalculable al prestigio y la credibilidad de esa iglesia, la más importante de la cristiandad. Se trata de un daño acumulativo, es decir cada nuevo caso agrava el impacto, de la misma manera que un golpe brutal al mentón de un boxeador es más devastador si antes ya ha recibido quince o veinte.
Podríamos comparar la situación con la que conoció Lutero hace 500 años cuando se rebeló contra Roma por otro escándalo que clamaba al cielo, la comercialización de las indulgencias. Igual que entonces, se está produciendo un cisma en cámara lenta al interior de la Iglesia Católica. Millones de fieles, avergonzados, desanimados, sintiéndose traicionados por sus sacerdotes y obispos, optan por abandonar en silencio sus parroquias y movimientos.
En un mundo en el que existen escasos estímulos para cultivar la fe existe el grave riesgo de que estas ovejas sin pastor terminen extraviándose. Ninguna persona de fe podría alegrarse de esta debacle. Menos todavía si su vivencia cristiana está animada por un auténtico ecumenismo.
Entre nosotros, los luteranos, ha prevalecido hasta ahora una actitud pudorosa, evitando hablar de la crisis descomunal que sufre la iglesia de Roma. Pero cuando hay un tremendo incendio en nuestra manzana es imposible ignorar las llamas, la humareda y el lamento de los damnificados.
Por otro lado, el desprestigio y la pérdida de credibilidad alcanza también a nuestros pastores (que son a menudo insultados en la calle cuando los confunden con sacerdotes católicos) y a nuestra propia iglesia, cuyo mensaje liberador e inclusivo es puesto en duda por una sociedad cada vez más desconfiada.
CELIBATO Y PEDERASTIA
Tenemos la obligación de orar por nuestros hermanos católicos para que el Señor los mantenga firmes en la fe. Solo Jesucristo es nuestra roca, el único que nunca nos defrauda y que camina siempre a nuestro lado. Debemos asimismo orar por el Papa Francisco, a fin de que el Espíritu Santo le dé el coraje de asumir en plenitud la tragedia de los clérigos pedófilos y de adoptar medidas revolucionarias para enfrentarlo, por ejemplo el levantamiento del celibato como exigencia para la ordenación sacerdotal.
Es cierto que constituye un grosero error afirmar que los varones que se han abstenido de actividad sexual con mujeres son todos pedófilos, El problema reside en que el celibato forzoso crea un clima de desconfianza que anula el testimonio valioso de quienes sí lo asumen como una forma de servir mejor a sus semejantes. A medida que se van agotando las denuncias por abusos sexuales perpetrados por clérigos católicos se va conociendo una avalancha de nuevos casos cuyos protagonistas son respetables jefes de familias o varones de pelo en pecho.
Mostrando gran coraje, el papa Francisco estuvo con nosotros los luteranos al inaugurarse en octubre de 2016 en la Catedral de Lund, Suecia, los actos conmemorativos de los 500 años de la Reforma y dijo que Lutero había sido un hombre de Dios.
Ahora, con sencillez de corazón, pero con audacia evangélica, la Iglesia Luterana debiera abrir de par en par sus puertas para que encuentren en ella refugio temporal o permanente tantos hermanos que están desconcertados y escandalizados.