Empresas que se asemejan a clubes de Tobi
El discurso políticamente correcto acerca de la incorporación de la mujer incluso a las más altas responsabilidades del país no puede seguir siendo ignorado por las empresas que se ufanan ser modernas
CELEBRACIONES COMO LA del Día de la Mujer se prestan para la más desenfrenada demagogia, la que habitualmente va asociada a un sentimentalismo ramplón y por cierto al mal gusto.
Llueven los halagos para las festejadas, se citan antecedentes que dan cuenta de una abismante discriminación y se formulan buenos propósitos para superar brechas salariales y de oportunidades, pero, lo mismo que, por ejemplo, cuando se habla de la crisis de la familia, no se identifican las causas de fondo de los males denunciados, ya que tan peligroso ejercicio podría dejar al desnudo las soluciones requeridas.
Así, la celebración sirve para verter conceptos políticamente correctos, halagar a las festejadas, ganar votos y mantener el statu quo, ya que, al fin y al cabo, los problemas que no se solucionan solos, quiere decir que no tienen solución o simplemente no son tales porque están mal planteados o son fruto de diagnósticos voluntaristas.
Durante la última década, unos 200 millones de mujeres se sumaron a la fuerza de trabajo planetaria, pero las tendencias que caracterizan la selva que es el mercado laboral, no acusaron mayores cambios, pese al notable mejoramiento del nivel educacional de las huestes femeninas y del acentuado descenso de la tasa de fecundidad.
“La desigualdad se mantiene con relación a los salarios” establece un sombrío informe de la OIT. “Las mujeres, con las mismas capacidades profesionales que sus compañeros varones ganan un promedio de un 20% menos”. Falta contexto al informe pues no consigna si la brecha va en declinación o en expansión y tampoco nada dice acerca de la aptitud, ni siempre simétrica, de hombres y mujeres para trabajar horas extras.
La OIT agrega que en la adjudicación de empleos de alta jerarquía hay desigualdad entre géneros. En un estudio realizado en 60 países, la presencia femenina en puestos gerenciales no llega en ningún caso a 40% y en la mayoría está apenas por encima de 20%. De nuevo, uno echa de menos el análisis de estas cifras en su contexto histórico, de modo de apreciar procesos y atisbar causas de fondo, que ayuden a discernir si ellas son de veras para alarmarse o escandalizarse o simplemente dan cuenta de una realidad ante la que sólo caben la indiferencia o la resignación.
PUERTAS ADENTRO
Por largo tiempo la celebración del Día de la Mujer en las grandes compañías, al igual que en la abrumadora mayoría de las empresas e instituciones nacionales, no pasó de ser un trámite de relaciones públicas y protocolo. Se regalaban flores y chocolates u organizaban onces para agasajar al personal femenino, básicamente secretarial y administrativo. Se proclamaban obviedades.
Es probable que persistir en estas liturgias se torne cada día más difícil.
Es que como fruto de la maduración de algunos fenómenos culturales el país encara la posibilidad de que una fémina llegue a La Moneda el año 2006, ungida por el voto ciudadano.
“Las mujeres han demostrado en nuestro país que su capacidad de trabajo y su capacidad de conducción no tiene límites y que, por tanto, sus aspiraciones tampoco tienen que tener límites”, señaló el Presidente Ricardo Lagos en una ceremonia celebratoria. “Hoy día las niñas sueñan y se proyectan como técnicas, profesionales, empresarias, trabajadoras, militares, políticas, policías, dirigentas, artistas, académicas, es decir en todos los planos”.
Inevitable es que estas consignas vayan cobrando creciente fuerza e impregnando la mirada con la que se evalúa el quehacer de empresas e instituciones.
En la plana ejecutiva de las consideradas empresas modernas, las mujeres son escasas. Casi son asimilables al negrito de Harvard. Por ejemplo, la mezcla “predominio de ingenieros y escasez de mujeres profesionales” explica en medida importante algunos de los rasgos del perfil histórico de las grandes compañías mineras en Chile, así como también algunas de sus más evidentes insuficiencias. De otro lado, tradicionalmente los directorios de dichas empresas ha sido auténticos clubes de Tobi, a cuyas reuniones las mujeres, casi todas secretarias, ingresaban solo para servir café o agua mineral o a entregar memos urgentes a sus jefes.
Si alguien quiere escribir algún día la historia real de cualquiera de estas grandes empresas, vale decir un guión que sea algo más que el simple recuento plano de hechos y circunstancias, no podrá menos que tomar en cuenta la lentitud de la incorporación femenina a los estamentos ejecutivos, profesionales y directivas.
La sabiduría convencional postula que las mujeres, en tanto género, aportan una serie de ventajas al trabajo colectivo, sobre todo en un estadio de desarrollo de la empresa y la sociedad en el que se redescubre la importancia de la inteligencia emocional y la comunicación informal. Surge así inevitable la pregunta acerca del costo que puede estar pagando la empresa que alardea de su condición de moderna, en términos de pérdida de crecimiento potencial o de calidad de vida en el trabajo, al no promover una política que privilegie la incorporación femenina en áreas no tradicionales, en la plana ejecutiva y en el directorio de la compañía.
La asunción de una mujer a la Presidencia de la República y el probable incremento de la representación femenina en altos cargos de la burocracia estatal harán más evidente la imagen de Club de Tobi que proyectan numerosas grandes compañías.