¿Con estos empresarios?
Los trastornos bursátiles a escala mundial muestran que aunque no asegura el crecimiento infinito, la irrupción de la llamada nueva economía es irreversible, lo que requiere un perfil de empresarios muy diferente del que se encuentra en Chile.
¡QUE VIENE EL lobo, que viene el lobo! Al final llegó y provocó a mediados de abril un derrumbe de precios en las plazas bursátiles estadounidenses, fenómeno que golpeó como era previsible a otras bolsas del mundo, haciendo resurgir la incertidumbre acerca de la evolución de la economía mundial en el corto plazo.
Este colapso vino a dar la razón a quienes consideraban insostenible el alza cercana a 90% que anotaron en 1999 las acciones de las empresas que ocupan tecnología de punta y hacen uso intensivo de la internet, los pilares de la llamada nueva economía.
Algunos afirmaron que como el conocimiento y la creatividad no tienen límites, estábamos asistiendo a una nueva revolución, con un incremento explosivo de la productividad. Ello permitiría que el producto bruto y el empleo en Estados Unidos aumentaran en forma indefinida a elevado ritmo, sin generar presiones inflacionarias, a diferencia de lo que había sucedido en el pasado.
El derrumbe bursátil de abril sugiere que si bien la nueva economía ha llegado para quedarse, ella tiene límites, como que hay señales de un rebrote inflacionario en Estados Unidos, lo que sugiere que la actividad productiva se ha recalentado y se hace necesario introducir un ajuste. Es una maravilla cuando los avances tecnológicos van de la mano de un aumento sostenido de la inversión y redundan en sustanciales incrementos de la productividad. Sin embargo, el crecimiento infinito no existe y ahora es probable que la inquietud y hasta el pánico surgidos entre poseedores de acciones e inversionistas deterioren las expectativas y la economía estadounidense entre en un bajón económico.
¿Empresarios preparados?
¿Qué significado tiene todo esto para nosotros en Chile, aparte de sufrir las pérdidas que el derrumbe bursátil en Estados Unidos provoca por coletazos en el deprimido mercado chileno de valores?
Se diría que lo sucedido viene confirmar que no podremos adentrarnos exitosamente en el siglo XXI si insistimos en basar nuestro desarrollo en la explotación de recursos naturales. Es imprescindible que también en Chile promovamos la adopción de la nueva economía, que supone privilegiar la incorporación de avances tecnológicos y del conocimiento, es decir la calificación y recalificación incesante del recurso humano.
No es posible que nuestros empresarios sigan desaprovechando en alto grado las oportunidades de capacitación de su personal. No es posible que en la mayoría de las empresas subsistan estructuras y métodos de gestión obsoletos, donde los trabajadores se limitan a obedecer órdenes, sin espacio alguno para la creatividad y la participación. La incorporación de tecnología moderna sólo rinde frutos si existe una fuerza de trabajo motivada y capacitada
Hay analistas que consideran que el mayor obstáculo para la consolidación de la nueva economía en Chile radica en la pérdida de la capacidad del empresariado para asumir riesgos y readecuar patrones de conductas. Califican de decepcionante que el empresario chileno no haya reconocido cómo está cambiando la forma de hacer negocios y que incluso, después de haber creado empresas eficientes y competitivas, estén optando por venderlas y transformarse en rentistas. Un sector privado de tales características no sirve como motor del crecimiento, que es el papel que le cabe en una economía de mercado, vieja o nueva.